![]() |
You are viewing Create a LiveJournal Account Learn more | Explore LJ: Life Entertainment Music Culture News & Politics Technology |
![]() | |||||||
|
Una nueva batallita de mi oficina. Ya las conocéis. Somos casi todo mujeres en mi trabajo. O sucedáneos. Es un hecho. Cuando lloramos al jefe desesperadas para que coja más chicos (a ser posible entre los 18 y los 35), él se ríe con su dentadura grande y postiza, un sonido grave y cruel. Dice que le gusta trabajar con mujeres porque somos más eficientes y comprometidas. Como venganza, nosotras nos dedicamos a pasar por la destructora de documentos todos los CV de posibles aspirantes femeninas. Nos pasamos una media de 10 horas juntas, peleándonos por el dominio de las únicas tijeras que cortan bien, compartiendo la comida de las fiambreras, apretadas en el ascensor, bebiendo del mismo vaso cuando se lo dejan en tu mesa… nos prestamos tampax, nos rozamos al pasar en el baño, nos damos culazos para usar el fax, detectamos al instante si alguien se ha comprado una camiseta nueva y nos lo contamos TODO… Uno pensaría que, o bien decidimos montar una gran orgía vestidas de Lady Marmelade (lo único que nos falta por hacer juntas) o a estas alturas estamos desesperadas por oler algo de testosterona por los pasillos. Estamos desesperadas. Desnudamos con la mirada al tío que limpia las ventanas a 15 metros de altura (un día perderá el equilibrio y se matará al ver nuestras caras pegadas al cristal, hinchando los carrillos como los monos). Nos levantamos en tromba para ver los transportistas que descargan los camiones. Nos apelotonamos alrededor del video-interfono cuando se oye una voz grave abajo. Revoloteamos como gallinas ante la sala de reuniones para ver los comerciales que vienen a presentar sus servicios… Hace como un año descubrimos que nuestro jefe había instalado un portal místico en la entrada. Funciona igual que las esfinges de la Historia Interminable. Si eres un tío y estás mínimamente bueno, te desintegra al traspasar el umbral. Sin previo aviso ZUM!! y tus bellas facciones, tu espalda de medio metro, tus muslos de piedra…desaparecen en una nube de polvo que se esparce en el recibidor. Es condenadamente efectivo. Por suerte para mí (relativamente hablando), mis proveedores son feos. Tienen además una desagradable propensión a la halitosis, sudar por la cabeza y a darte fláccidos apretones de mano. Dicen que cada uno recibe lo que se merece. Mis compañeras tienen asignados a los bajitos calvos que hacen comentario como “Guau! Cuanta chica guapa trabaja aquí! Ya pediré el traslado, hehehehehe”. Inmediatamente suenan todos los teclados a la vez y aparecen mensajes internos sin parar: “Menudo gilipollas” “Además de feo, retrasado” “Seguro que cuando baje por la escalera se comenzará a pajear” “Tía, le está mirando las tetas a la recepcionista!!” Otra se encarga de los casposos, que tienen clapas hasta en las gafas. O los repartidores que han sudado sobre sudado y huelen a perro muerto. Cuando amenazan a sacarse el casco, casi les pegas con la taladradora. Tipos encorvados, con pinta de enterrador. Hombres de grandes barrigas que te enseñan la raja del culo cuando se inclinan a arreglar la impresora o la fotocopiadora “¿Qué habéis tocado ahora? Os dije que tuvierais cuidado con las hojas de etiquetas”. El portal es inclemente. Llega a ser tanta nuestra convicción en su poder, que cuando atendemos al video-interfono de la entrada, el resto pregunta: “¿Quién es?” y la que mira dice “A éste el portal le aplaudirá y todo” O bien “¡¡No dejes que entre Octavio, el transportista de Cronos, que nos lo funden!!” O avisas: “Entran tres a través del portal” y todo el mundo hunde la cabeza tras el monitor para no tener que recibirles. En todo este tiempo, el portal sólo ha sido benévolo en dos ocasiones: Un gerente italiano, moreno, con un traje de escándalo y corbata de seda verde, y un joven diseñador de ojos rasgados, cabello surfero y camiseta verde con palmeras. O bien ambos lograron un amuleto de protección o hay un tono de verde que confunde al portal. Podéis entender entonces qué bellezones nos visitan. Hemos intentado desactivarlo, pero después de que una se electrocutara pelando cables y tuviéramos que hacerle masaje cardíaco durante 20 minutos, decidimos dejarlo. Así que nos intercambiamos fotos de tíos buenos. Luego pasa lo que pasa. Llega la hora del café tras comer y salimos en desbandada, una manada de lobas olfateando el aire en busca de presas. Nos contoneamos hasta el bar, casi dislocándonos la cadera, y nos sentamos con agujetas en los ojos de mirar a todo los lados a la vez como los camaleones. Estamos rodeadas de diseñadores gays. No tengo nada contra ellos. Es sólo que me fastidian todas mis fantasías de ir al baño y que una mano masculina me arrastre por la camisa hasta el reservado. Cada día uno distinto. Lo compartiría hasta con mis compañeras, que parece que no sabemos ni elegir bragas sin pedirnos opinión. ¡Pero ni eso! Llego aquí, al LJ, y sólo veo fics slash masculinos. ¿Pero qué os he hecho? Hacedme un fic donde salga yo y el equipo de waterpolo que se ha perdido de camino a la piscina olímpica. ¡Tened caridad! .
|
|||||||
Previous Entry · Deja tu opinión · Add to Memories · Tell a Friend · Next Entry | |||||||