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Tercera parte de la historia. Déjame un comentario para decirme qué opinas, qué partes te han gustado... el feedback es muy agradecido e imprescindible para mejorar cualquier historia. E incitan al escritor a escribir más y más rápido. Parte 3: 15 de agosto. No sabe cómo han entrado en la habitación sin tropezar y caerse al suelo. Se mueven de un lado a otro a ciegas, tanteando torpemente el camino. Apenas usan las manos para no tener que separarse más de lo imprescindible. Ella tira la llave y el bolso en algún lugar cerca del armario. Su chaqueta desaparece. Uno de los dos, no recuerda cuál, logra encender la tenue luz de una lámpara sobre la mesilla. La joven cree que ha deseado sexualmente a mucha gente durante su vida. Tanto que ha hecho y dicho muchas estupideces. Pero entonces Marc se deshace de su camisa a cuadros y levanta el borde de su camiseta blanca. Los músculos se flexionan, las abdominales se estiran bajo la piel. Sacude la cabeza para librarse de la prenda y la deja caer al suelo a sus pies. Vale, premio. Ella nunca imaginó lo que escondía la ropa. La musculatura es atlética, grande y bien definida. Los hombros anchos e inabarcables. Sólido como una estatua cubierta de piel suave y caliente. La joven nunca ha visto un cuerpo así. Ni lo ha tocado. El hombre, ya no puede pensar en él como un chico, la aprisiona contra la pared y nota como su propia cremallera se abre y sus pantalones se deslizan hasta medio muslo. La han tocado centenares de veces, conoce los pasos de memoria. Pero está tan ofuscada por el deseo que es incapaz de anticipar ningún movimiento. Cada gesto es una placentera sorpresa. La mano caliente recorriendo su vientre, cubriendo su sexo y avanzando hacia los pliegues interiores, acariciando, empujando, penetrando. No está preparada para el primer orgasmo. Y cuando éste llega de improvisto, se agarra a los hombros de él, clavándole las uñas en busca de asidero. Cuando el espasmo remite, las manos del joven se afanan en desvestirla completamente mientras él sigue aún con los tejanos puestos. Marc se ha transformado. De frío y distante, ahora es todo carnal e impaciente. Le hierve la piel. La besa en la boca una y otra vez, devorando sus labios, persiguiendo su lengua. Le retira largos mechones de la cara con los dedos extendidos. La mira con ojos desenfocados. Se deja llevar por la pasión del hombre. No piensa, sólo se mueve. No hay espacio para decidir cómo van a hacerlo o acordar las posturas. No hay tiempo para plantearse si le da vergüenza mostrarle alguna parte de su cuerpo, o preguntarse si le gusta lo que le hace. Sólo responde a sus acciones. Derecha, izquierda, un paso adelante, un paso atrás, girar, chocar con la espalda contra la pared. Intenta devorarlo. Le muerde varias veces, y le golpea en la cara al mover la mano para cogerle el cuello o agarrarse a su hombro, pero él no parece notarlo o no le importa. No hablan, no están para filigranas ni palabrería erótica. Caen en la cama, entre las almohadas y sábanas revueltas. No hay nada más que ocupe su mente. No se acuerda de nada, ni de su nombre, ni si siente frío ni calor. Sólo persigue la boca de él como si le doliese estar separada. Cuando Marc le lame el cuello, gime sin darse cuenta. La carne masculina es tan sólida que casi no puede hundir los dedos en ella; sólo agarrarse con las uñas y deslizar las manos resiguiendo los músculos. Nadie tiene una constitución física así, piensa en un momento de lucidez. No por naturaleza. Una y otra vez se sorprende a sí misma pensando lo atractivo que es. No siente ningún rechazo, no hay nada en él que no le parezca deseable. El cabello castaño le cae sobre los ojos y ella no deja de apartarlo para poder descubrir de qué color son. Parecen dos pozos negros, aunque creía que eran de un azul grisáceo. El hombre le sujeta ambas manos sobre la cabeza, impidiéndole moverse, pero no tiene miedo. Sólo está ansiosa. A la expectativa. “Espera” le pide él con voz ronca. Se levanta para desabotonar la bragueta de sus tejanos. Hipnotizada, no puede apartar la mirada, ni pensar en cubrirse. Cuando él se deshace de los pantalones, se quita los calzoncillos y queda desnudo a la tenue luz de la lámpara, la joven se da cuenta de lo mal que le ha ido en su vida sexual hasta el momento. Todo en él es grande, bello y proporcionado. Cuando se acerca de nuevo, ella no le deja sentarse en la cama. Gatea por el colchón hasta llegar al borde y cierra la boca sobre él. Apoya una mano sobre el fuerte muslo para mantener el equilibrio y se desliza sobre su carne palpitante como si se alimentase de su excitación. Marc no sabe qué hacer con las manos, las mantiene sobre su cabellera sin llegar a tocarla. Ella oye su respiración, cada vez más rápida, y los graves jadeos que salen de su garganta. Otras veces ha sido por poder, por acabar una discusión, para aliviar la tensión, ego, chantaje, ansiedad, afán de conquista, aburrimiento. No es que esto sea mejor ni peor. No se puede comparar porque esto no es lo mismo. Sólo se separan para coger la caja de preservativos. La primera penetración quiere que sea con él encima, apoyado sobre sus codos, con la cara y su boca sobre ella. Tapada, envuelta totalmente por su cuerpo. El hombre se pone en posición entre sus piernas y le da un largo beso que la acompaña cuando entra en ella con lentitud, abriendo su carne. Mientras nota cómo se adentra, ella siente todo su interior en carne viva, increíblemente sensible. El roce le oscurece la visión y no puede respirar y él sigue avanzando poco a poco cuando otros ya habrían llegado. Hace una pequeña pausa y luego continúa deslizándose, usando las piernas para arquear las suyas y hacerse sitio. Cuando al fin se detiene está hundido profundamente y el cuerpo de ella pulsa y se contrae a su alrededor, haciéndole hueco, envolviéndole. Marc se separa y comienza el movimiento a la inversa, despegándose de sus labios y su lengua, pero manteniendo los ojos fijos en su cara. Sale de ella lentamente, cambiando el ángulo de fricción y el placer es diferente pero igual de intenso. Las piernas le tiemblan y está aguantando la respiración. Y cuando él ha salido del todo, vuelve a deslizarse hacia delante con facilidad, provocando en ella descargas de placer que le aflojan los músculos del abdomen y le tensan el cuello hacia atrás. El hombre le retira el cabello sudoroso de la cara y le da un largo beso que siente en su pecho, tras las rodillas y la palma de las manos. Él eleva un poco el torso y le sonríe, con esa boca preciosa que le cambia completamente la expresión del rostro. El impacto contra su pelvis le arranca un grito de sorpresa, y el placer le corre por la espalda hasta la nuca. Contrae todo su cuerpo en un espasmo. Entra y sale un docena de veces y ella ya no sabe dónde agarrarse para no perderse, porque ya no siente más que el pulso entre sus piernas que radia placer como ondas que le traspasan, desde el interior hacia la punta de los dedos, y más allá de ella. No le ve a él, no nota la sábana, ni el calor, ni el sudor que la recorre. Marc aumenta el ritmo y le coge la cara con una mano para que lo mire. A la joven le cuesta enfocarlo, pero al fin sus rasgos se hacen definidos, la boca severa y dulce según el momento, la suave línea de la mandíbula, el cabello sobre la frente. Sigue concentrada en sus ojos, hasta que de nuevo no ve nada más y comienza a gemir para descargar la energía que se acumula. No tiene fuerzas en las manos ni en los miembros, no puede cogerlo ni atraparlo dentro de su cuerpo y mientras se hunde en esa sensación, comienza a notar como se separa lentamente un pulso distinto, que escala rápidamente hacia arriba, como si trepase altos escalones de una vez, y ella no puede seguirlo, y se ahoga. Se repliega cuando la onda estalla y se queda con la boca abierta y los ojos en blanco. El cuerpo se le tensa como un arco entre los brazos de él, que la sostiene mientras se pierde y desaparece. No piensa en nada. No hay tiempo. No hay sonido. Cuando lentamente regresa, al principio no se da cuenta, pero el placer se intensifica de nuevo y esta vez, ya preparada para la sensación, abre los ojos y observa como el rostro de Marc se transforma cuando alcanza el orgasmo y ella estalla de nuevo. Se agarran con fuerza, las mandíbulas tensas y los ojos abiertos, cuando la onda les cubre y se aleja entre estertores. Se hunde sobre ella y la joven le abraza sin querer soltarle. Se buscan la boca de nuevo y vuelven a unirse, formando un círculo, un canal de energía, pegados por la boca y por el sexo. El cuerpo masculino cae de costado y la arrastra en el movimiento. Ella se apoya contra su amplio pecho e inclina la cabeza para dejar que los labios de él reposen sobre su frente. El aliento calido le roza el oído. Su respiración jadeante la acuna y la excita de nuevo. Está aún dentro de ella y su brazo la recoge contra su cuerpo, rodeándole la cintura. Las sensaciones y el dominio sobre su cuerpo vuelven de forma apagada: las piernas de él contra las suyas, las gotas de sudor que resbalan por sus miembros, el cabello pegado a la nuca, la boca entumecida por los besos y mordiscos, un dolor leve y concentrado en los músculos de las piernas y más fuerte en los muslos que han soportado el considerable peso de Marc y sus embates. La cálida respiración de él contra sus pestañas y su nariz. Y un terrible calor que desprende el cuerpo masculino. De repente siente la urgente necesidad de verlo bien. Se obliga a abrir los párpados pesados, y los contornos se perfilan en la luz de la habitación, las sombras comienzan a aclararse. Ve la suave piel del pecho, que se curva sobre los pectorales, las costillas que se expanden a cada inspiración, estrechándola contra él. El hueco de las clavículas, la nuez que sube y baja al tragar. Ve como el cabello despeinado se levanta rebelde tras las orejas, y se le pega sobre la frente. Tiene los ojos alargados, con pestañas cortas y tímidas. Se sacuden un par de veces y los ojos azules se clavan en ella. Luego se concentran unos instantes en algún punto de su cara, posándose sobre sus mejillas sonrosadas, el cuello, las manos atrapadas entre los dos. Él le sonríe y ella le devuelve espontáneamente la sonrisa, sintiendo un profundo agradecimiento. Muy lentamente, para no alterar la conexión entre sus cuerpos, le acaricia la barbilla, los pómulos, le resigue los labios, le pone bien el cabello y acaba con los dedos sobre el pulso de su cuello, donde nota el latir regular y poderoso de su gran corazón. No puede parar de intentar devolverle parte de lo que ha recibido, como un animal que se restriega contra su amo para agradecerle algo. No tiene palabras. Marc se ríe y es un sonido agradable que sacude su cuerpo. Resuena en el espacio de aire que comparten y en la zona por la que siguen unidos. Suelta un bufido satisfecho y ella ríe ahora con él, porque siente lo mismo. Cuando el sonido desaparece y siguen los temblores involuntarios de sus cuerpos, se miran a los ojos y se besan de nuevo con ternura, sólo usando los labios. La segunda vez es más lento, y cambian de posición cuando el placer escala demasiado rápido. Parece casi un sueño donde ella no tiene piernas ni brazos y su cuerpo responde siguiendo el ritmo. El hombre se sienta sobre la cama y quedan los dos con la espalda recta, pecho contra pecho. Él la agarra por la cintura a para ayudarla a montarle. La joven se apoya sobre los anchos hombros para poder elevarse y luego descargar su peso sobre el regazo masculino. Marc gime con aprobación, le agarra el largo cabello, echándole la cabeza hacia atrás y le muerde el cuello y los pechos. En esta ocasión el orgasmo les barre en tiempos distintos, encadenando subidas y bajadas, aupándose el uno en el otro para poder trepar otra vez. Nunca creyó que fuera posible sentir la cascada de pulsaciones, como un sol explotando a cámara lenta bajo un estanque, las ráfagas desde el núcleo reverberando hacia la superficie. A partir de ahora el sexo, si es que esto es sexo, tendrá un nombre, y un rostro, y un cuerpo. Se hunde en la cama, casi dormida. Le oye deshacerse del condón usado y ella sólo puede pensar con una sonrisa que si ha sido así con una barrera de látex entre los dos, notarlo contra su carne palpitante sin trabas podría ser algo aún más increíble. Nota el movimiento del colchón cuando él se acomoda a su lado y agradece con un ronroneo cuando el hombre le tapa las piernas con la sábana y pasa un largo brazo bajo la almohada de ella, rodeándola con ademán protector. Apaga la luz de la mesilla y se ocultan en las sombras. Nota el agradable calor que desprende el cuerpo masculino contra su espalda y su trasero, y el sonido de la apacible respiración. A través de los párpados pesados ve la blancura fantasmal de la sábana, la oscuridad de la pared. La misma visión de sus brazos y sus manos frente a su cara le es extraña. Las palmas hacia arriba, los dedo flácidos. Se duerme feliz y agotada. Huele a mujer satisfecha.
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On June 10th, 2007 09:58 am (UTC), (Anonymous) commented: Sangre & Téquila Sin duda parece un polvo apoteósico!!! y además escrito de forma explícita, como tiene que ser... Sigue así! En cuanto al capítulo anterior ha sido muy divertido. Me he teletransportado a ese bar con muchísima facilidad. |
On April 28th, 2009 03:57 am (UTC), (Anonymous) commented: Esciam Bueno, hasta ahora las cosas van bien... muy bien... o sea, que el día es el 16 de agosto, el día donde algo pasa que le arruina su vida... Sobre como se dio el sexo, eso de que ella no pensara, y se dejara llebar por ese cuerpo... ¡Pero vaya que Marc es algo fuera de éste mundo! Eso parece que dice toda la narración... y eso de que ella pensara que ese cuerpo no puede ser... normal, creo. Y que sus ojos fueran negros mientras tenían sexo y azules, a lo normal... pistas, pistas... Bueno, sigo... |
No pensaba dejarte review hasta el final... pero tenía que decir esto: Ha sido el mejor polvo que he leído en mi vida. Me dejo de chorradas y sigo con la historia xD |