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La noche es hermosa, pero no te entretengas fuera. Estamos cerca de la mitad del relato y hay muchas cosas que aprender. Haz tu ofrenda y siéntate entre tus compañeros, que vamos a comenzar. ¿Dices que la demonio te da miedo? ¿Es que tenías los oídos sucios cuando te hablaba de ella? No hay que fiarse de las apariencias y las palabras zalameras. La belleza es, hijos míos, algo que deseamos a pesar de saber que las serpientes más hermosas son las más venenosas. Novena noche: Deseos y anhelos A pesar de la aseveración de la exiliada, su viaje transcurrió en calma y sin incidentes. El olfato del antiguo los iba guiando a través de valles verdes y orillas de ríos caudalosos hacia una de las provincias más alejadas y con fama de poseer algunos de los templos más recónditos del país. La cazadora había atravesados en varias ocasiones estos territorios ricos en vegetación, y leyendas. Viendo la dirección que seguían, no le fue muy difícil deducir hacia dónde se encaminaban. El llamado Templo del Dragón se encontraba oculto en un conjunto montañoso que no aparecía en ningún mapa. Se creía que estaba defendido por una secta de monjes de los que se conocía bien poco, aparte de su legendaria reputación de extraordinarios guerreros. Las inmediaciones estaban protegidas por conjuros que convertirían en polvo a cualquier demonio menor que se atreviese a posar sus pies impuros en la montaña. O eso contaban. Como no era un lugar de oración, la gente desconocía su paradero, y muchas veces incluso ignoraba su existencia. Entre los demonios era motivo de susurros y especulaciones. Pocos habían osado acercarse, y aún menos habían vuelto para confirmar que aventurarse en sus bosques no era buena idea. De cualquier modo, el templo y sus habitantes no significaban una amenaza directa para ellos, y los demonios tenían habitualmente cosas más interesantes que hacer que meter la cabeza en las fauces de un dragón dormido. Así pues, no era extraño que quién quisiera algo que se ocultaba en la montaña hubiera recurrido a uno de los antiguos de su raza. La exiliada todavía no había podido averiguar quién era este cazador, ni el pago necesario para cerrar un pacto con él… aunque se estaba haciendo una idea aproximada basándose en algún comentario casual aquí y allá. El lugar dónde se conocieron le dijo quién podía ser el deudor. El abanico de posibilidades se cerraba con un chasquido. Hacía mucho tiempo que la demonio no se había sentido tan completa. Por un lado parecía haber recuperado el rumbo, encontrado un propósito. Ayudar al antiguo a alcanzar su meta. Por otro lado su compañía le despertaba todo tipo de sensaciones. Inferioridad al intuir su poder. Superioridad al ver lo perdido que estaba sin su consejo. Temor a veces de dar un paso en falso y encontrarse con el filo de una segadora en el mentón… Anhelo de algo que le había sido vetado hacía años. Deseo. Deseo de oírle hablar, de escuchar sus antiguas hazañas, de verle moverse y cazar, de contemplar su rostro real bajo la piel humana. Hundir la nariz en su cuello y lamer su carne poderosa. Verse reflejada en sus pozos negros, tan antiguos como las historias de su pueblo, testigos de una era que se había perdido. Le observaba comer fideos o arroz en sus altos en el camino, a veces en pequeños comercios, otras en medio de la nada. Cómo se había habituado a alimentarse e iba descubriendo nuevos sabores. Ahora ya arrugaba la nariz ante algunas comidas o las especiaba a su gusto. También se detenían a dormir o a bañarse, pero no era algo frecuente porque el cazador no quería perder más tiempo del imprescindible. Tras su máscara imperturbable, a veces le parecía sentir una terrible impaciencia por llegar a su destino. Todo en él la tenía fascinada. Tan reposado, tan silencioso… Comía, caminaba, vadeaba los ríos o se limpiaba con la misma parquedad de gestos y palabras. A veces le descubría con la mirada perdida en la distancia, posiblemente vislumbrando el olor de la presa. Esa neblina plateada que sólo él podía distinguir entre los aromas de todos los seres de este mundo. También le veía mientras estudiaba sus manos humanas, comprobando la elasticidad de su nueva piel. Cuando se detenían y ella fingía descansar tendida en un improvisado camastro, le espiaba entre sus párpados entrecerrados. El antiguo practicaba movimientos, saltos cada vez más complejos, elaboradas series de katas, patadas, puñetazos, piruetas… sus movimientos eran dignos de estudiarse. Su estilo era seco como un latigazo. Nada de florituras, aunque había en sus gestos una elegancia de épocas donde el ritual era parte innegable de la cacería. Donde tradición e instinto eran un todo. Cuando la segadora era amiga, sirviente y ama. Así que seguía mirándole practicar en silencio, su esbelto y proporcionado cuerpo humano ejecutando los pasos de la danza de la muerte. La coleta ondeando a su espalda, sus pies apenas levantando polvo, las manos cortando el aire y sus ojos negros nunca dejando el rostro de un enemigo imaginario. No habían tenido problemas durante el viaje. Quedaron atrás campos y aldeas llenas de gente hambrienta y cansada, desgastada por los continuos conflictos entre grandes señores. Guerras de las que los aldeanos entendían poco y les importaban menos. Sobrevivir lo era todo. Los demonios habían cruzado las fronteras visibles e invisibles que separaban los territorios, escondiéndose de patrullas de reconocimiento que continuamente recorrían los caminos o realizaban batidas por el bosque. Estos soldados llevaban colores y banderas distintas de las del humano que había convocado al antiguo. No había una guerra declarada, pero los ejércitos no dejaban de vigilarse continuamente, por miedo de cerrar un ojo y encontrarse con un puñal en la espalda. Ambos viajeros esquivaban los templos, y en las ocasiones que descubrieron trampas en el camino para aprisionar a demonios incautos, lograron escabullirse sin dificultades. Tampoco habían tenido ningún encontronazo con humanos. Rehuían su contacto siempre que era posible, a menos que evitarlos significase cruzar sendas anegadas de agua o tomar un largo rodeo. Así que alguna vez tenía que ser la primera. Sus olfatos les avisaron mucho antes de llegar donde se encontraban escondidos entre los árboles, esperando a un viajero incauto. Podían captar seis esencias distintas, mezcla de varón, sudor y suciedad. Y rodeándoles, notas más suaves también de otros humanos. Lo que quedó explicado cuando los vieron descender al sendero, vestidos con una mezcolanza de ropajes que habían robado a sus víctimas. Asaltadores. Sus bolsas olían a metal y escucharon tintineos de monedas al moverse. Hacía poco que habían comido y bebido, y no olían a agresividad. Se movían con hombros caídos y cuellos relajados, barriga hacia fuera y manos ociosas. Buscaban divertirse un rato, a su costa. Especialmente a la de ella, a juzgar por el olor a excitación y las miradas hambrientas que le dirigieron al verla acercarse. A sus ojos eran sólo dos jóvenes, tiernos e indefensos. Presas. Los demonios fingieron que no les veían esperarlos como buitres al borde del camino y los hombres no hicieron ningún gesto brusco cuando pasaron por su lado. Tras un rato decidieron seguirlos. Estaban aburridos y ellos eran una distracción tan buena como cualquier otra. Parecían más matones que asesinos, lo que explicaba el que no hubiera trazas de sangre en su ropa robada. Seres que intimidaban pero no tenían realmente poder, un concepto que el antiguo no acababa de asimilar. No tardaron mucho en escuchar los primeros silbidos y piropos. Cosas suaves, incluso bonitas, dedicadas a la pequeña figura femenina que marchaba frente a ellos, cuyo perfil quedaba parcialmente oculto bajo el gran sombrero trenzado. No duró mucho. Probablemente no les gustó que ambos cazadores no intentasen escapar. Era decepcionante que no reaccionasen a sus palabras cada vez más groseras. Lo interpretaron erróneamente como miedo. El antiguo les ignoraba completamente, su cháchara no era más que un rumor molesto de fondo que lograba bloquear con bastante éxito. No suponían ningún peligro y esperaba que tras un rato se cansarían y retrocederían hasta su guarida para buscar a algún animal más divertido con el que jugar. La demonio imitaba su paso rápido y elástico, sin ceder al impulso de volverse y contestar a los matones. Prometían un buen intercambio de amenazas, y quizá de sexo violento entre los árboles. Uno de los forajidos, grande y musculoso, los adelantó corriendo y se detuvo para aguardar que volvieran a rebasarlo. Midió al cazador oculto tras su piel humana y se dejó engañar por su aspecto de hombre a medio crecer. Había algo en sus facciones que le recordaba a su hermano menor, o a un vecino con el que había jugado de niño. Parecía un tipo que nunca se había peleado y que era probable que evitase las confrontaciones. Seguramente una buena persona, como había sido él mismo tiempo atrás, antes de que lo reclutasen en las guerras y luego viera disolverse su escuadrón y se quedase sin trabajo ni sustento. No tenía nada contra él. No tenía hambre, había sido un buen día y estaba satisfecho. La joven ya era otra cosa. Era demasiado bella como para dejarla escapar. Era de justicia que estuviera un rato con ellos. Hacía tiempo que una chica guapa no se dejaba caer por allí. Le apetecía mirar a una de cerca y no sólo verlas desaparecer temerosas dentro de los carros o esconderse en sus casas cuando la cuadrilla rondaba los pueblos cercanos. Le puso la mano en el hombro para detenerla, pero ella siguió adelante, al mismo paso que el demonio cazador. Los dedos del hombre resbalaron sobre la tela de su chaqueta, y volvió a aferrarle el brazo. Esta vez clavando las falanges con fuerza. El antiguo continuó caminando, como si no hubiera visto que su compañera de viaje quedaba atrás. La demonio sacudió el hombro para liberarse de la mano que la sujetaba. Era grande, con los nudillos como montañas agrietadas, abiertos y cicatrizados docenas de veces, y tierra oscura bajo las uñas romas y descarnadas. - Tranquila, hermana. No tengas miedo –dijo el forajido intentando ser cortés sin lograrlo. Su apretón se hizo más profundo para dejar claro que no se trataba de una petición, sino que era una orden.- Sólo quiero hablar contigo. - ¿De qué? –soltó ella con impaciencia. Ni siquiera fingió que estaba asustada. No tenía tiempo. El hombretón adelantó el labio inferior, como si pensase. Tenía las mejillas pobladas de una barba dispersa y rizada. Olía a sudor antiguo y su aliento apestaba a carne y licor de arroz. - No sé. Si puedes dejarme algo de dinero. Una pequeña contribución para los que cuidamos del bosque y los caminos. La delgada ceja de la mujer se levantó hasta esconderse tras la sombra de su sombrero. Miró por encima de su hombro a los demás bandidos que estaban ya a pocos pasos, dándose codazos cómplices. - ¿Eso es lo que sois? ¿Guardabosques? El tono irónico pareció divertir al tipo que la retenía contra su voluntad. O al menos eso creía él. - Nos encargamos de limpiar las sendas de forajidos e indeseables. Mala gente que puede hacer daño a chicas como tú. La joven dio un suspiró y agitó el brazo de nuevo, con rudeza. El hombre tuvo que hacer un esfuerzo para detenerla. Su enorme mano cubría todo el hombro femenino, y se derramaba sobre su clavícula y omoplato. El antiguo estaba ya bastante lejos y ni siquiera había vuelto la cabeza para ver cómo se las arreglaba. No dudaba que podría manejar la situación con facilidad, esa no era la cuestión. Era que parecía que no le importaba si ella se quedaba allí. Desagradecido. Uno de los hombres, un tipo que le faltaban varios dientes, escupió al suelo un gargajo marrón, con restos de la comida. Escuchó aproximarse su voz falsamente apenada. - El muy cobarde te ha dejado sola. No te merece, preciosa. Es débil. Viendo la ancha espalda del cazador alejarse, la joven afirmó con gravedad: - Yo no necesito la ayuda de nadie. - ¿Ah, no? - Ajá. -¿Podrás entonces con todos? ¿Tú sola? ¿Tan pequeña y delicada? La insinuación sexual era muy clara. Aunque no necesitaba escuchar sus palabras para leerle sin problemas. Los olía claramente. Les excitaba tenerla cerca. El tipo grande que la tocaba, movía de vez en cuando los dedos en una parodia de caricia. Tenía las pupilas dilatadas y si se concentraba, quizá oiría la sangre desplazarse rápidamente hacia su entrepierna y agrandarle el miembro. - Uno solo no me sirve para nada. Los otros habían llegado hasta ellos y les rodearon mientras reían entre dientes. Contra toda costumbre, y más en una mujer, la demonio les miró directamente a los ojos, levantando la suave barbilla en ademán desafiante. Se detuvo un instante en cada uno de los tipejos, quienes apenas podía reprimir las ganas de rozar su ropa y notar su tacto a través de la tela. - Uno solo no me sirve de nada –repitió cargando de promesas cada una de las sílabas que salían de sus labios sonrosados. Siguiendo embelesado el movimiento de su boca, el tipo grande inclinó inconscientemente la cabeza hacia ella. La muchacha le sonrió. Al instante siguiente le había hundido el puente de la nariz. Un chorro de sangre salió disparado, manchando el pecho masculino y salpicando la mano encogida como una garra de la mujer. Esperó la reacción de los ladrones. Se quedó quieta, mirándoles con una sonrisilla insinuada en la comisura de la boca, retándoles a hacer algo. Cualquier cosa. Ni siquiera se dignó a contemplar cómo el muerto caía sobre sus rodillas y se desplomaba de cara sobre la tierra removida del sendero. No se lo creían. Estúpidos. Por un instante pensó que podría apartarles de su camino con un simple empujón, como largos y jóvenes tallos verdes de bambúes. Pero a su espalda, uno de ellos alargó un brazo para reducirla. Con las manos desnudas. Sus segadoras sólo sisearon, asqueadas. Lanzó el codo hacia atrás y se lo clavó bajo las costillas, dejando al hombre doblado y sin respiración. Inmediatamente se volvió y golpeó su nuca expuesta con el canto de la mano, partiendo las vértebras del cuello. Puede que el sonido del hueso al estallar fuera lo que los despertó de su atontamiento. Salieron los cuchillos de debajo de las prendas mezcladas y sucias. Herramientas toscas que tanto servían para amenazar como para talar madera, cortar cuerdas, mondar frutas o pelar la carne de los huesos de los animales que cazaban. Ni siquiera podían considerarse armas. Los destrozó a todos, apenas moviéndose del sitio, esperando que la atacasen. Hubo un momento que parecieron sepultarla, como si confiasen reducirla con su peso conjunto. Era sólida como una roca y flexible como pez nadando en la corriente. Rápida como una serpiente, hundió los ojos de uno de sus atacantes y retiró los dedos húmedos de líquido transparente. Rompió una mandíbula de un puñetazo, astillando los dientes. Arrancó una nariz de un violento zarpazo. Desgarró el músculo de la mano que la tenía agarrada por la pechera de su camisa. Las rodillas se quebraron como ramas secas bajo sus patadas. Los brazos se doblaron en el sentido contrario del que marcaba la articulación. Casi no hubo sangre y sus segadoras se mantuvieron bastante calladas. Forzando el paso, alcanzó al antiguo camino arriba. Él no hizo ningún gesto ante su retorno, como si nunca se hubiera separado de su lado. Seguro que notaba que ahora cargaba con más de ese metal que se usaba para conseguir alojamiento y mercancías, pero no preguntó. - ¿No vas a decir nada? – exigió ella sin poder contenerse. Observó su perfil humano, inescrutable como era habitual. Le apeteció clavar sus uñas bajo el mentón y tirar la piel hacia arriba para ver su rostro real. Pero intuía que sus facciones demoníacas mostrarían el mismo desapego. Absoluta indiferencia. - ¿No vas a cuestionar lo que he hecho? ¿No vas a decirme que no tenía necesidad de todo esto? ¿Que podría haber salido de allí sin enfrentarme a ellos? - Eres lo que eres –dijo él sin inflexiones. - ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que soy el limo de nuestra raza y no puedo evitar comportarme como tal? El silencio fue la irritante respuesta. No creía merecerse ese trato. Caminaron un buen trecho sin hacer ningún comentario. Incluso ella, habitualmente tan charlatana, se mantuvo en un hosco mutismo. Se detuvieron al ver una estatua representando un diosecillo de los bosques, y tras comprobar que no había trampas cerca, continuaron la marcha. Cada vez estaban más cerca de su objetivo y todas las precauciones no parecían satisfacer al antiguo. - Deberías cambiarte el traje. La voz masculina rompió la espesa quietud. Tras tanto rato, el comentario la sorprendió. Y más cuando reflexionó sobre lo que él le pedía. Negó con la cabeza. - Me gusta éste. Era de una bailarina muy apreciada. - ¿No te… inquieta que te reconozcan? - No, ya hace tiempo de ello. Pocos quedan para recordar este rostro. Él no dijo nada más. No insistió de nuevo. La demonio no quería el silencio otra vez, así que decidió contarle cómo había acabado vistiendo esa hermosa piel y lo que había sufrido para conseguirla. Seguramente a él no le apetecía oír la historia, pero aún menos le apetecía discutir con ella, así que la dejó hablar, esperando que se callara ante su apatía. Obviamente, eso no sucedió.
Ya sabes que no puedes ignorar el ritual. Ellos esperan a que rompas tu pacto.
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Aah, deseos y anhelos, ansias de saciar necesidades o carencias, que emociones mas sanas y humanas. Tiene que puro disfrutarlas, aprovechar que no están asociadas a los típicos rollos que nos impiden disfrutar plenamente de la sexualidad, jajaja ya me fui en algo que nada que ver :$. Uhm, ya sabes lo que opino de los "machos taciturnos"....puagg, así que continua en observación tu cazador. besos mi guapa Relatar los acontecimientos desde el punto de vista de ella es más fácil, porque es un personaje mucho más visceral. Con ella puedes usar emociones. Con él no. Y ya te aviso antes que te pongas nerviosa ;) , el cazador es así. No es una persona y casi no tiene sentimientos fáciles de explicar, así que será taciturno casi siempre. Vive aislado aún en un burbuja, y no reaccionará como un ser humano normal. No habla. No discute. Por ello es tan difícil explicarlo y describir las cosas que pasan por su cabeza. Obliga a una dolorosa neutralidad. Siento si no te gusta el personaje, pero no puedo hacerlo de otra manera. O lo aceptas como es o vas a estar peleándote con su naturaleza todo el relato. Espero que a pesar de ellos te siga gustando la historia en general. Edited at 2008-02-15 12:48 pm (UTC) On February 15th, 2008 01:06 pm (UTC), (Anonymous) replied: ¿estás hablando en serio?, como no me va a gustar la historia en general. Ey si ya aprendí, ya no me estreso, sólo leo y comento lo que me interesa y me gusta, y con lo que me gustan las películas asiáticas, gocé leyendo los párrafos cuando describías como practicaba los movimientos. Una cosa es que no me gusten los tipos así y otra muy distinta es el personaje, te dije que lo tengo "en observación", eso significa que me intriga, que quiero ver como evoluciona, tu lo dijiste, es un viaje iniciático, así que veamos como como se va a desarrollar, apuesto lo que quieras que adoraré como manejarás sus hilos y me sorprenderás, una vez más. ;) besos mi guapa Pd1, ayer se me pasó, !!Feliz día!!! del amor, la amistad, lo que quieras celebrar, en mi caso es el aniversario de mi entrañable ciudad, Antofagasta , eso es lo que celebro siempre, :). Pd2, Ayer vi de nuevo "Con ánimo de amar", película china, diferente a todas las que había visto, huum bastante melancólica, y tiene segunda parte, la ando buscando...¿la has visto?. Sí, el demonio tiene que evolucionar. Pero será lento... porque tampoco es una novela y además no sería realista de otro modo. Feliz día para ti también, preciosa. No, no he visto esa película. ¿Me la recomiendas? Ja,ja, "Antofagasta",o Antofa, jamás la habría relacionado con fantasía, hmm, es sol, playa, mar azul, sal, cielos despejados, desierto, 24c, parejito todo el año, mis viejos sueños aún deben vagar por esas playas... Ups, se me fue el anterior... Claro que te la recomiendo, película china, elegante, bella, melancólica, con una estética impresionante y algo triste, siempre que me acuerdo de ella pienso en boleros. Tienes que verla, guapa, el Dir es Wong Kar-Wai, el que se caracteriza porque las actrices adoran trabajar en sus filmes, él las convierte en diosas con su cámara!! No sé que nombre tendrá allá, puede ser "Con ánimo de amar", "Deseando amar" o "In the mood for love". bes0s Pd: esto te lo estoy enviando desde mi celular, loggeada y todo, voy en colectivo camino a mi oficina, ¡¡que maravilla la tecnología!!!! ;). |