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EL PACTO • NOCHE 10 • Telas y tejedoras (2)

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Llevaba tiempo pensando cómo actuar con la bailarina.

 

Había probado ahogando a sus víctimas, pero luchaban hasta el último momento y tendían a hacerse daño al forcejear. Al reventarse numerosos capilares, aparecían hematomas en la cara. También podía romperles el cuello con un movimiento seco, controlando la fuerza para que las vértebras no deformasen la piel. Otra opción era un golpe localizado en la sien, o apuñalar el corazón. Eran métodos que no le convencían. No quería marcas de ningún tipo.

 

Tampoco deseaba amordazarla y atarla. O cualquier otra cosa que pudiera dejarle señales. Quería que su traje estuviera impoluto, perfecto. Tras las molestias que le había ocasionado encontrarlo, no iba a ser precisamente una túnica de usar y tirar.

 

Lo mejor sería seguir el mismo método que con las embarazadas. Narcotizarla y llevar su cuerpo hasta la guarida, sin perder el tiempo.

 

 

 

Sólo una luna delgada asomándose tímidamente entre nubes iluminaba el abrupto camino. Cargó con el cuerpo en un descenso interminable, agarrándose a las rocas húmedas y las plantas resbaladizas. A pesar de su habilidad y resistencia, se obligaba a avanzar con desesperante lentitud, asegurando cada paso para no perder el equilibrio. Su silenciosa presa era demasiado importante. Si caía al mar nunca podría recuperarla. Incluso si se lanzaba tras ella y la sacaba del agua, lo más probable es que se hubiera golpeado contra las rocas. Y temía que la sal dañase su delicada piel: defectuosa no tenía el mismo valor.

 

Notaba el calor del joven cuerpo que cargaba, cubriéndola como una manta. Las manos y los pies le azotaban suavemente a cada movimiento.

 

Finalmente llegaron a la cueva. El olor a salubre y de las tejedoras la rodeó, y en lugar de asquearla como otras veces, le pareció de lo más apetitoso. Experimentó un gran alivio cuando se internó en la cueva y llegó hasta las ancianas, que estaban esperándola en la penumbra, haciendo chasquear las articulaciones de sus numerosos brazos.

 

Dejó a la joven a sus pies como si fuera la más preciada de las amantes, la desvistió con delicadeza y plegó las ropas, apilándolas en un saliente que estaba milagrosamente seco. En la luz mortecina de la cueva apenas se distinguían los relieves del esbelto cuerpo, los pechos redondos y pequeños, el vientre plano, la cualidad casi nacarada de su piel y el larguísimo cabello negro que la demonio recogió hábilmente en la parte superior de la cabeza para que no estorbase.

 

Dormía, ajena a los monstruos que la rodeaban. Figuras que sólo había visto en los relieves de los templos. Espectros de historias que alguna vez había representado en el teatro con sus compañeros.

 

El pecho se elevaba al ritmo de su respiración pausada, y su piel estaba erizada por el frío de las rocas.

 

Las tejedoras comenzaron a impacientarse y se adelantaron para tomar el cuerpo de la mujer. La cogieron de brazos y piernas y la colgaron de unas cuerdas que tejieron rápidamente, con cuidado de repartir el peso para no dejar marcas.

 

La cazadora vio cuando la bailarina despertó a la primera incisión en la cabeza. Sintió cómo volvía a la vida. No podía moverse, paralizada por el veneno de las tejedoras. La joven colgada tenía los ojos rasgados abiertos en la oscuridad lechosa. La boca y la garganta anestesiadas, sin ser capaz de emitir ningún sonido. Incluso el dolor debía ser algo lejano, un eco del otro lado del umbral.

 

La demonio las oía trabajar en la oscuridad. Escuchó claramente el sonido que producía la piel al separarse del músculo palpitante. Y los cuchicheos gorgojeantes de las ancianas, coordinándose para ser más efectivas.

 

Decidió esperar fuera hasta que hubiesen acabado.

 

Se retiró a la entrada de la cueva y se sentó en una piedra, temblando de tensión e impaciencia. Desde allí veía el cielo salpicado de estrellas y el mar oscuro, con olas chocando furiosas contra la base del acantilado. Las salpicaduras de agua levantaban abanicos de espuma blanca.

 

Hacía frío. Un viento glacial que se filtraba por su piel vieja y arrugada. Se miró las manos, tan fuertes bajo su apariencia artrítica y los nudillos desgastados. Los surcos de la carne estaban llenos de tierra y suciedad. Tanteó su cabellera desgreñada e hizo un intento por arreglarla. Se detuvo. Observó los brazos llenos manchas de la edad. Dentro de poco tendrían otro tacto y color.

 

 

La fue a buscar una de las ancianas, arrastrando su cuerpo blancuzco y abotargado por el suelo mojado y la condujo hasta el interior. La oscuridad era casi total, excepto la tenue luz que entraba por alguna grieta del techo. Las tejedoras era sólo bultos informes.

 

No había resto de carne y hueso. Sólo quedaba la piel tendida en los hilos trenzados, como una sábana húmeda para que se secase. Una tela pálida por fuera y roja por dentro, con una capucha de la que colgaba una larga cabellera enrollada. Podía ver las uñas pintadas al final de cada dedo. Y el pliegue del ombligo.

 

Una de las tejedoras la humedecía con una sustancia gelatinosa que sacaba de su boca para que no se resecase. Repugnante.

 

Ahora venía la parte difícil.

 

Se desnudó en la penumbra de la cueva, incómoda por la presencia de aquellos cientos de ojos que observaban sus movimientos. No le gustaba que vieran su cuerpo ajado, aunque no fuera ella de verdad. No podía evitar identificarse con esa carcasa gastada con la que se movía, comía, dormía o se lavaba. Era su piel, quisiera o no. Y la odiaba con todas sus fuerzas.

 

Se volvió de espaldas y cogió un cuchillo de su bolsa. Cuando hundió la hoja en el antebrazo, se le escapó un siseo de dolor. Marcó una línea alrededor de la extremidad, cerca del codo, y otra recta hasta el interior de la muñeca. Intentó meter un dedo debajo. Dolía mucho. Aguantó un aullido cuando comenzó a tirar, separando la piel humana de su propio cuerpo. Dejó caer el cuchillo al suelo, donde se hundió en un charco con un chapoteo que no escuchó,

 

Se detuvo para recuperar fuerzas. Veía la carne algo levantada, y los hilachos sanguinolentos que unían el traje a su propio músculo, como miles de manos ancladas a su cuerpo. Puede que ella odiase su traje de anciana, pero éste sabía que permanecer con ella era la única forma de seguir vivo.

 

Cogió con los dedos el borde levantado y dio un tirón con todas sus fuerzas. Hubo una explosión de calor a lo largo de su carne, como si un torrente de agujas de lava recorriera todos sus nervios, desde el antebrazo a la punta de los dedos tiesos de agonía. El dolor explotó en su pecho, dejándola paralizada unos instantes.

 

Cuando al fin pudo abrir los ojos, vio un largo guante de piel sanguinolenta agitándose en su mano como un pez fuera del agua. Pero no se movía sola: era los dedos que lo sostenía los que temblaba incontrolablemente.

 

Su propio brazo gritaba de agonía hasta que fue apaciguándose. Le palpitaba como si tuviera un gigantesco corazón bajo el músculo lastimado.

 

Las segadoras rechinaban en sus vainas, le pedían que las sacara y se enfrentase al enemigo. ¿Cómo explicarles que este sufrimiento era necesario?

 

Recogió el cuchillo del suelo y apoyó de nuevo el filo sobre su hombro, pensando cuál era el mejor corte. Reunía valor para continuar.

 

Notó un suave y prudente contacto en la cabeza. Una de las tejedoras intentaba llamar cuidadosamente su atención. No querían tocar a sus irritadas segadoras, que luchaban dentro de sus vainas para salir y defenderla.

 

La cazadora bajó el arma y observó extrañada los gestos de la anciana.

 

Al fin pudo descifrar lo que le ofrecían.

 

Si iban a coserle su nueva prenda, debía confiar en ellas.

 

Accedió a entrar en el círculo de tejedoras, que la rodearon como un muro pálido en la penumbra de la cueva. Quería tener los ojos abiertos cuando pasase, no sabía porqué. Necesitaba ser testigo, no podía esperar en las sombras sin saber qué ocurría.

 

Notó el aguijonazo en algún lugar de la columna, algo puntiagudo que entraba con rapidez, separando las vértebras y volcando un líquido frío como el agua del mar y que se esparcía por su interior. Su corazón se ralentizó. Sus brazos colgaron inertes y sus rodillas se plegaron hacia adelante. La cogieron por los hombros y la irguieron de nuevo mientas varias de ellas tejían rápidamente unas sogas resistentes que introdujeron bajo sus axilas.

 

La elevaron del suelo.

 

Era una sensación muy desagradable. Su cuerpo no le respondía. Ni siquiera los músculos de sus ojos, que se habían quedado fijos mirando hacia el frente. Había perdido la visión periférica. Estaba paralizada e indefensa en sus manos, al alcance de sus mandíbulas y su apetito.

 

Tenían un pacto, pero ellas no lo entendían.

 

Las oía moverse a su alrededor. Sus chasquidos y el entrechocar de sus afilados dientes. Sentía vagamente cuando la tocaban con manos rápidas y expertas. Algo entró en su piel y se deslizó produciendo un ruido viscoso. No estaba segura de dónde. El dolor no existía.

 

En la oscuridad de la gruta, el rostro ajado de la cazadora se encendió con tintes verdosos, iluminando levemente los ojos blancuzcos y legañosos de las ancianas. Alumbrando apenas un trozo de lacia cabellera albina. Alguna mano de dedos pequeños y regordetes de bebé, tanteando su rostro como gusanos hambrientos.

 

Su cabeza estaba inclinada hacia delante, con barbilla casi tocando el pecho. Pudo ver cómo unas pálidas falanges desparecían bajo su cuello. Las sintió clavarse y escarbar, y luego tirar hacia atrás. Contempló cómo la piel se separaba de su torso, y los hilachos de carne que los unían quedaban suspendidos en el aire, tintados por la luz verde de sus ojos. Iban alargándose y adelgazando hasta que se partieron con un chasquido y la piel humana se desprendió de su pecho. Notaba como sus músculos rugían de dolor, pero estaba sorda a ellos.

 

Las segadoras a su espalda siseaban como felinos enfurecidos, avisando a las ancianas que no se acercasen demasiado.

 

Las ancianas fueron rápidas y eficaces.  Su cuerpo se balanceaba con los tirones como una horripilante marioneta. Notaba que la movían para sacar la piel de debajo de las axilas. El peor momento fue cuando estiraron su rostro humano y sintió que sus propias facciones parecían romperse mientras se separaban. Su cabeza temblaba sin que pudiera detenerla. Durante unos instantes se quedó ciega mientras los pliegues de piel le bloqueaban la visión.

 

Estaba desnuda. Apenas podía ver el estado en el que había acabado su propio cuerpo. Sólo distinguía unas manchas oscuras sobre su torso y poco más. 

 

No cumplirán su pacto, pensó con desmayo. Esto me pasa por acabar en manos de demonios inferiores.

 

Pero no fue así. Notó cómo le calzaban unos pies calientes y subían la piel nueva y aún cálida, impregnada de sangre que corría por las venas de la mujer despellejada.

 

El nuevo traje ardía sobre su cuerpo dolorido, los zarcillos de sangre se escurrían entre las fibras de su musculatura para fijarse. Cerraron el vestido por la parte inferior de la cabeza, un corte que quedó oculto en la larga cabellera negra.

 

Cosieron con eficacia, escondiendo las puntadas entre los mechones despeinados.

 

Luego docenas de manos la recorrieron centímetro a centímetro, resiguiendo cada pliegue, por fuera y por dentro de sus piernas. Cubriendo los genitales.

 

Cuando acabaron, la dejaron en una roca, cubierta de una sustancia gelatinosa a la espera que recuperase la movilidad.

 

Se quedó sola, acompañada únicamente por el oleaje rompiendo contra las rocas y el lejano chasquido de las tejedoras en las entrañas de la cueva. Los minutos pasaron con lentitud.

 

Cuando pudo levantarse por si sola, se metió bajo una cascada de agua helada. Permaneció allí debajo, frotándose un y otra vez hasta que quedó limpia. Limpia de ser una anciana también.

 

Observó largo rato sus dedos, la rotación de sus muñecas, el giro del antebrazo. Sus pechos hinchados por los suyos debajo. El vientre plano, las rodillas plegándose sobre sus huesos. Tanteó la cicatriz en su cuero cabelludo y fue incapaz de distinguir la sutura. Quizá su tacto aún no estaba desarrollado en este nuevo cuerpo.

 

Se secó con una muda de anciana que llevaba en el macuto y se vistió con el atuendo de la bailarina, sintiendo un placer inmenso al observar a sus jóvenes manos hacer las lazadas de la tela o la forma en la que el cuello de la túnica se abría ligeramente para mostrar la piel entre sus clavículas.

 

Notó un olor conocido. Oscilando sobre sus nuevos pies, se internó aún más en la cueva.

 

Sus ojos verdes iluminaron galerías de roca. Charcos de agua. Plantas musgosas.

 

Y finalmente a ella.

 

Seguía siendo hermosa.

 

Sus músculos rojos. La exquisita proporción de brazos y piernas. A pesar de no tener piel ni párpados, ni labios… allí estaba la bailarina más deseada, tirada en el suelo como un títere del teatro con los hilos flojos. Sus brazos doblados formaban una bella figura.

 

Estaba despertando. Recuperaba lentamente la sensibilidad. Y con ella debía aparecer el dolor.

 

No se acercó más, se limitó a contemplarla desde la penumbra con un hombro apoyado en la pared, rodeada de una cortina de líquenes fluorescentes.

 

Vio cómo la joven la miraba. Los músculos ensangrentados de su cara se movieron un poco, como si quisiera expresar asombro, u horror. La vio observándola con las pupilas enormes, intentando entender porqué se veía a sí misma en la penumbra, las familiares facciones enmarcadas por ondas de cabello mojado que goteaban sobre su chaquetilla. Una extraña gemela con dos frías antorchas verdes por ojos.

 

La cazadora oyó un gemido estrangulado en el silencio de la cueva. Una petición. ¿Sálvame? ¿Libérame del dolor? ¿Despiértame de esta pesadilla? No sabría decir.

 

Podía haberla matado. Acabar con su sufrimiento. Pero no quería tocarla con sus nuevas manos, ni liberar a sus segadoras que dormitaban inquietas a su espalda, como dos animales que han encontrado una nueva madriguera.

 

La dejó allí para las tejedoras. Por si les entraba hambre. La habían tratado bien y respetado el pacto. Se lo habían ganado.
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Fin de la décima noche
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 (!) Me veo obligada a avisar que se tratan temas adultos y probablemente desagradables para algunos estómagos. Entra bajo tu responsabilidad.

 

 

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On March 7th, 2008 10:00 pm (UTC), [info]justcyanide commented:
*-*
Este capítulo es genial, el que más me ha gustado hasta ahora.
En los capítulos anteriores me daba mucha curiosidad el pasado de la demonio.

Me extrañó un poco que le costara desprenderse de la piel de la anciana, no sé porqué, aunque viéndolo objetivamente es razonable que la piel se adhiera a ella.

Saludos :)
Kammie.

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On March 8th, 2008 10:11 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Vaya! Aquí que tengo una lectora que le gusta la sangre y el dolor ;)
Nada, para hacerte feliz, nada de Porno, como reza tu icono, sino una buena dosis de gore.

Mi beta me acabó de convencer que valía la pena hablar del pasado de la demonio, eso nos ayudaría a entender mejor la naturaleza de estos seres.

Ya se ha comentado en una ocasión (es lo malo de escribir por fascículos, que se pierden los detalles, ains!) que la piel humana se rebela a morir. Se une a la carne del demonio y se convierte en una segunda capa. Así que arrancársela, es casi desprenderse de tu verdadera piel.

Me alegro que en lugar de echarte para atrás, hayas disfrutado de la historia.



Edited at 2008-03-08 10:12 pm (UTC)
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On March 7th, 2008 10:28 pm (UTC), [info]dryadeh commented:
Bueno, sigo aquí, perpleja y atontada xp ni sé qué decir. Joder, con la demonia, mayormente. Sabía que no era buena, tampoco exactamente mala, simplemente...inhumana. Pero su absoluta indiferencia la final, al ver a la bailarina sin piel, agonizando, es lo que me he dejado posiblemente más helada, casi más que lo de los bebés -aunque no tanto, pero lo de los bebés podía "entenderlo", era el pacto, simplemente -. Se me ha removido todo por dentro leyendo cómo se arracaba la piel de la anciana e imaginarme la piel de la bailarina, colgando como una vaina vacía también ha dado bastante yuyú. Yo soy bastante sensible para estas cosas y confieso que si otra persona hubiera escrito algo así, no lo hubiera leído. Aunque suene cutre, al final me han dado ganas de llorar, no de pena. No sé como explicarlo, del impacto. Pero tú eres capaz de escribir algo así, algo que de plano no me hubiera gustado, y hacer que sea capaz de apreciar su calidad y valorarlo. Me gustado mucho cómo lo has escrito y descrito, no lo que pasa, digamos.
En fin, sigo igual de enganchada. Pero no pensé que mis afectos se irían más con el demonio que con la demonia xp En este momento, aunque sé que él hubiera obrado igual que ella, me cae mejor él xD
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On March 8th, 2008 10:41 pm (UTC), [info]mordaz replied:
He respuesto en el comentario de alderaan_ información que quizá te interesará sobre mi perspectiva gris del cuento.
Reconozco que cuando leo cosas de estas se me pone la piel de gallina y me da de todo. Pero creía que teníamos que "verlo". De forma desapasionada, pero presenciarlo para que nos ayudase a entender.
Gracias por seguir adelante porque era uno de mis relatos. te prometo que el resto no tiene esa carga sangrienta. Volvamos a la aventura!
Escribir esto me ha costado un tiempo. Pensar qué quería contar y los sentimientos que quería provocar.
La demonia, al menos en este estadio de su existencia aquí, no siente ninguna vinculación con los humanos. Ella necesita esa piel y sigue adelante hasta conseguirla. No matarla al final... dudé. Pero me pareció ceder ante algo contra lo que estaba luchando. No quería humanizarla. Es un demonio y no tiene piedad. Valora la situación y cree que es más importante quedar a bien con las tejedoras.
El próximo capítulo está casi todo escrito, pero tengo pendientes S&T y otro cuento más para actualizar. Y hay lectoras que únicamente leen S&T y las tengo abandonadas.
P.D. sigo leyendo Dormiens. La escena en San Mungo me encantó, y el encarcelamiento de Lucius. Y que Draco siga siendo un perro rabioso, me encanta. Nunca me acercaría a más de un metro, pero me gusta que conserves esa faceta de él.
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On March 8th, 2008 01:46 am (UTC), [info]alderaan_ commented:
YuggggggHHHHHH!!!!!! otra vez. Tiaaa, lo parte cuando se quita la piel de la anciana es como... como... como... YuggggggHHHHHH!!!!!! Que mal lo he pasado leyéndolo.

Y me ha llamado la atención la preocupación y la reverencia que tiene con su nuevo cuerpo. No quiere ni una marca, ni una señal...

Y el final es desasosegante. Pobre chica. Igual era mas "humano" matarla... pero, claro, la demonio no es precisamente "humana", lo llevas diciendo desde el principio.

En fin, si lo que querías era acojonarme, enhorabuena, lo has conseguido. Que capitulo mas angustioso. Ufff :D

Besos

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On March 8th, 2008 10:32 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Cariño, puedo prometerte que el resto de capítulos no serán ya así. Ya has leído lo que intentaba. Así que ya volvemos a la aventura original. Por supuesto que la demonio seguirá siendo "golosa", pero puede que los hechos que he relatado hagan más entendibles las decisiones que toma más adelante y lo que piensa de ellas el antiguo. No os lo estoy poniendo muy fácil, soy consciente de ellos. Os dejo como personajes principales un ser austero y poco hablador, con una meta inamovible, y como acompañante una demonio charlatana que se aburre demasiado y quiere tener un objetivo. Pero creo que de esto se trata. Seguir de cerca el viaje de estos "malos" que van a cumplir su misión.
Si repasamos, van a buscar a una sacerdotisa (de la que no sabemos nada) para entregársela viva a un gran señor que la quiere para algo importante. Tan importante que va a sacrificar a la única persona que ama (es fácil de escribir y de leer, pero no de entender... es alguien que ama) para que el antiguo derrame su sangre y reciba un poder tal que este ser ha considerado apropiado arriesgarse a un pacto. El resultado puede que no sea muy "bueno".
Así pes ¿queremos que completen su misión? ¿deseamos que encuentren a la sacerdotisa? ¿no deberíamos anhelar que los detengan?
Es el problema del punto de vista ;)
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On March 8th, 2008 07:36 am (UTC), [info]obsscure commented:
El trabajo de las tejedoras es grotesco y repulsivo pero, es su trabajo, es un trato. Me gusta mucho la descripción del desprendimiento de la vieja piel de la demonio, cómo se aferra para intentar sobrevivir y está por supuesto palpitante. Qué dolor.

También mucho me gustan sus cegadoras. Cómo reaccionan ante su sufrimiento, dispuestas a salir y asolar cuanto encuentren a su paso sin distinguir la voluntad de su dueña, al menos en ese momento.

Me gusta mucho muchísimo todo. Hasta en el horror encuentro belleza.

Besos muchos.

Mónica.

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On March 8th, 2008 10:44 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Era un capítulo, a mi entender, arriesgado. De esos que crees que es una buena idfea incluirlos para poder perspectiva, pero que temes que los lectores no entiendan lo que quieres decir.
Estuve mucho tiempo pensando en cómo representar el dolor. Qué aspecto darles a las tejerdoras y sus apetitos. Cómo explicar la seducción que ejerce la bailarina sobre la demonio y porqué la elige en lugar de un disfraz más "discreto". Y que las segadoras se comportasen como animales, con instinto pero sin inteligencia.
Esperoq ue el resto del relato siga gustándote ;)
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On March 8th, 2008 11:26 am (UTC), [info]neptunia commented:
Bueno, ya sabes lo que pienso después de leer estos capitulos... pero no me importa repetírtelo otra vez: nena, te has superado a ti misma. Coincido con la opinión popular, y creo que va a ser algo que vas a leer mucho en estos comentarios... una no se espera lo que has escrito. Te coge de sorpresa totalmente. Después de leerlo es cuando te das cuenta de lo que HAS ESCRITO. Joooooodooooooo. Lo he pasado realmente mal en alguna de las partes, pero ha sido catártico, y como digo, muy bueno para el desarrollo de los personajes y de la historia, para que nos acordemos que esa tipa que nos cae tan simpatica en realidad no es más que una demonia disfrazada... Un ser de otro mundo. Maldad sin objetivo.
La parte del cambio de piel me parece muy simbólica del cambio que tiene que experimentar nuestra chica al cambiar de orilla. Llega con su apariencia real, que le obliga a ocultarse y andarse con mucho cuidado con los humanos. Luego adopta su primera piel, con la que puede camuflarse facilmente, pero la hace ser torpe, desagradable... es sólo el comienzo. Al final llega la hermosa bailarina, con la que no solo se camufla, sino que llama la atención entre los humanos. Nuestra demonia se ha hecho adulta y está lista para beberse este mundo de un trago con el más perfecto de los disfraces... Lo que es evidente que con el paso de los años, algo de la esencia humana se ha agarrado suavemente a ella, como esos tentáculos de piel que se resistían a dejarla escapar. Me pregunto si de pasarle en esta época el cambio de piel, con el cazador, no segaría la vida de la bailarina con un atisbo de piedad humana.
En cuanto a la ambientación, los lugares que recreas, los pueblos, los bosques, y especialmente las cuevas infectas de las Tejedoras... impresionante. Todo es como una horrible pesadilla que te oprime las entrañas. Tanto horror tiene que ser un mal sueño, no puede ser real. No me extraña que las desdichadas que cayeron entre tan crueles manos la observaran con incredulidad. Cuesta creer tanto horror.
Y me costó creer que lo habías escrito tu.

En fin, después de esto... ahora sé que eres capaz de todo, nena.
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On March 8th, 2008 10:55 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Gracias por a pesar de decírmelo por mail, lo reafirmes aquí. me gusta que el resto de lectores tamvbién vean las ideas de mi beta.
Decidimos poner el capítulo aquí porque luego se desboca ya la acción (ya has leído el siguiente capítulo) y no habría un lugar más apropiado. Y creoq ue realmente algunos lectores (yo misma, tú) necesitábamos situarnos. Estábamos comenzando a identificarnos demasiado. Queremos seguir el viaje y que todo les vaya bien. ¿De veras lo queremos? Por supuesto que sí, para eso son nuestros protagonistas. Pero prefiero que a partir de ahora tengamos más claro a qué bando estamos animando ;)
Un matiz a lo qu edices de la demonio. Sí que es inhumana. Pero no es maldad sin objetivo, al menos no en este monento del relato al que se hace referencia. No es maldad. No hay moral con respecto a los humanos. Y sí hay objetivo, lograr su piel y quedar a buenas con las tejedoras. Más adelante ya es otro cantar. Entonces sí que usas bien esa maldad sin objetivo, como con los bandidos. Pero sigo insistiendo que no se trata de maldad. No podemos juzgarlos según nuestras estructuras. ¿Aburrimiento? quizá. Y más sentimientos.
No creo que el antiguo la hubiera matado tampoco. No sacaba nada de ello. No es compasivo, es indiferente. pero tendremos que seguir con él para ver si variará su actitud o no. Yo no sería excesivamente optimista. Cuanto antes desistamos de querer "humanizarlos" antes disfrutaremos de su naturaleza.
Me alegroq ue mis descripciones te hayan gustado. He usado fotos a veces, otras mi imaginación, algunas ocasiones películas y música. Comics. Todos los elementos que pudieran servirme para inspirarme. Me siento terriblemente encorsetada por las palabras y me gustaría plasmar lo qu eyo veo. Daros los colores y los olores que siento, y la banda sonora que lo acompaña. Que pudiérais ver los movimientos secos del antiguo y las florituras seductoras de la demonio al pelear. Como no puedo, me queda intentar escribirlo.

Besos y mil gracias por animarme a seguir y compartir este cuento.
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On March 8th, 2008 02:22 pm (UTC), [info]bytters.blogspot.com commented:
Aún no leo, cortito por ahora:
¡¡ FELIZ DÍA A TI GUAPA Y A TODAS LAS QUE PASAN POR AQUÍ, EN NUESTRO DÍA!!!
hoy reparto abrazos y calugazos a todas ;D

bitter

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On March 8th, 2008 10:33 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Esta parte de l cuento no podrá leerla tu tesoro en MUCHO tiempo ;). Y eso que no hay porno!
Feliz día para ti también, mi diosa musical. Gracias por acordarte de mí.
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On March 9th, 2008 09:14 am (UTC), [info]helessa2012 commented:
Debo tener el estomago de acero, aún siendo bastante sensible, porque he disfrutado mucho leyendo el capítulo. También es verdad que si alguien me hubiera contado, o hubiera leido en un periodico que esto ha pasado en la vida real me hubiera horrorizado, pero supongo que tengo la "virtud" de poder separar la literatura de la realidad.
No he leido los demás capitulos, y es la primera vez que te comento, tengo una falta de tiempo tremenda...De todas formas intentaré leerme todo y después poder comentarte en condiciones.
De todas formas, enhorabuena, las descripciones son perfectas.
Un abrazo.
[User Picture]
On March 9th, 2008 09:50 am (UTC), [info]mordaz replied:
Ups! Justo has comenzado el cuento por la mitad.
No sé si has leído las respuestas que he dado a otros lectores sobre el por qué de este capítulo. Si te ha gustado, te animo a leer la historia desde el inicio para que tengas el contexto de la historia. Por supuesto, si te apetece y dispones de tiempo. Yo misma debo reviews a un montón de compañeros del LJ, y tengo que combinar el buscar tiempo para escribir y el poder terminar mis lecturas.
Me alegro que te hayas animado a leer y a comentar, de verdad. Y si tienes cualquie crítica, estaré encantada de leerla y poder mejorar el texto todo lo posible.
Bienvenida a mi LJ!
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On March 13th, 2008 01:08 am (UTC), [info]another_pilgrim commented:
?Bueno! Finalmente pude sentarme a leer este capítulo. Luego de que rodaran cabezas en mi reunión de asistentes, vino la parte desagradable de limpiar, ya que no me quedaron subordinados para hacer el trabajo. En fin... creo que me descontrolé un poco.

Luego el maldito firewall de mi trabajo no me permitió entrar, creo que la mención a sangre ya le enciende todas las puñeteras lucecitas de alarma.

Así que tuve que esperar hasta estar en casa. Y acá estoy, aún estremeciéndome ante este capítulo, sin duda el más fuerte hasta acá. Mucha sangre, escenas crudas, descripciones descarnadas. Fuerte, muy fuerte, y muy bueno también.

Ahora te dejo, debo salir a buscar nuevos ayudantes.

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On March 13th, 2008 09:12 am (UTC), [info]mordaz replied:
¿Pero qué te ha dado? ¿Tan malos son tus ayudantes que has defenestrado a todo el mundo?

Y ese firewall que tenéis tú y M_enia es la peste. Entienda que quiera salvaguardar los contenidos de lo que visitáis en el trabajo, pero que "culo" ya sea motivo de censura. O "Sangre"...

Si hasa leído los comentarios que han hecho al capítulo, sabrás la razón por la que decidí poner este capítulo aquí, y su crudeza. Creo que nos sitúa algo más en la naturaleza de estos seres y nos ayuda a tomar perspectiva de sus acciones, sobretodo de la demonio.

Me alegro que te gustara el capítulo.

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On March 13th, 2008 10:37 pm (UTC), [info]demona0 commented:
que sepas que he sentido la enfermiza necesidad de tantearme la cara para comprobar que mi piél sigue aquí XD. Leyéndote cualquiera podría llegar a imaginar que llevas media vida despellejando a la gente porque lo haces con una descrición asombrosamente meticulosa.

Ya te he dicho que me gusta el saber más de la demonia pero lo que más me ha gustado es su "esencia femenina" que contrasta claramente con la del demonio. Es curioso que alguien tan alejado de lo humano llege a adaptarse de tal manera a la identidad de su disfraz que pueda sentir verguenza por él y posea la necesidad de buscar uno que se adapte a su "esencia", uno en el que el demonio se reconozca

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On March 14th, 2008 10:22 am (UTC), [info]mordaz replied:
No he despellejado a nadie, ni siquiera en relato! Asíq ue ha sido una experiencia completamente nueva. Un reto ;) Y que conste que tampoco me he cebado demasiado, porrque está contado desde el punto de vista de la demonio, así que no entran miedo ni muchos ascos.

Me pareció interesante que la demonio fuera tan orgullosa de su feminidad. No me gustaba la idea de que se disfrazara de hombre. Supongoq ue es un eco de lo que nos ocurre actualmente, que nos vamos masculinizando para competir con ellos. O que a veces algunas digan que ser mujer es un asco. NOOOO! Si tengo que usar un ser poderoso para reivindicarlo, lo haré.

Y lo que cogiera rabia al traje me pareció... muy acertado. Pensé en la gente que tiene que fingir ser otra cosa, como los espias, y al final, con los años, sólo ellos saben que es otra persona. Para el resto del mundo son esa otra identidad y les juzgan como tal. Si no puedes sacarte el disfraz nunca, ERES el disfraz. Y entendí que ella quiesiera encontrar un nuevo vestido con el que el mundo que la rodeba (y del que parecía que no podría escapar) la admirara. O el que le pareciera más cercano a sí misma.


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On March 17th, 2008 06:22 am (UTC), [info]bytters.blogspot.com commented:
Este es aún mas ugh que el anterior Mordaz, he releido para no perderme los detalles, uy que morbo, ¿cierto?
Siempre supimos que la demonio no era ningún angelito, pero a cada momento actúa tan displicente con los cuerpos y casi asistimos a una operación a cuerpo abierto, iks.

Pero lo que mas me ha gustado es lo dificil que le resulta hacer el cambio de piel, al leerlo pude entender la razón de que tuviera tan asimiladas las conductas humanas, sino es simple disfraz, se transforma en su propia piel, y mas encima se tuvo que autodespellejar, creo que ahí si que se me revolvió un poquitín el estómago, salí a tomar aire fuera de la cueva y volví rápido, no fuera a perderme de algo interesante en la trama :$.
El detalle del temor a dejarse a yudar por las tejedoras también lo encontre genial, uhm clases de taxidermia express, seguro estuviste investigando ese tema.
Pero el momento mas álgido del cap fue sin duda alguna cuando la bailarina ya despellejada se mira a si misma con horror, que momento!!

Por hoy se me ha quitado el apetito, aaah con mi dosis ha sido suficiente.

Pd: Veo la fecha y me demoré en dejar el comment, uhm demasiado trabajo y otros varios, pero siempre por acá, tu sabes

un beso, bitter
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On March 17th, 2008 04:42 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Primero, cada vez que me comentas es un regalo. Yo misma ando un poco traspuesta estos días y no miro casi nada. He pasado por tu blog y has escrito un montón. Cuando esté algo mejor me paso y te comento todo, porque hay cosas muy interesantes.

Reconozco que esta parte es asquerosa. Vamos, lo creía al imaginarla. Luego, cuando escribes y reescribes, acaban siendo sólo párrafos y más párrafos. SAe pierde perspectiva.

En esta parte quería también hablar del vínculo que se establece entre demonio y su traje. Ilustrar consejos que la demonio había dado al cazador, y hacer de nuevo hincapié en una de mis obsesiones: la identidad. Tanto en los nombres como en las apariencias.

Y el trozo final, de la mujer viéndose a sí misma, en un principio no estaba. Luego pensé que era un efecto dramático innecesario. Y finalmente creí que era importante despedirnos de esa mujer sin nombre que se había convertido en objeto de deseo y luego usada como un animal al que despellejas. Y luego dejas morir. Creí que eso nos daría la medida exacta de qué es ser un demonio. No algo malvado. Algop indiferente. Y eso es lo que nos tiene que dar más miedo.

Siento lo del apetito, mi diosa de la musica.
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On March 31st, 2008 04:00 pm (UTC), [info]riatha commented:
"Las tejedoras era sólo bultos informes." El verbo debería ir en plural.

Me ha encantado la historia de la demonia.
Está llena de sufrimiento y dolor, de obstáculos. No sé, me encanta.

La parte en que la demonia cambia el traje de anciana por el de bailarina es vrutal. Está descrito maravillosamente, puedes sentir el dolor, el asco, la euforia al tener un cuerpo nuevo.

Comentaría algo más pero no he ido comentando mientras leía porqué estaba demasiado enganchada y ahora me has dejado sin palabras.

Es brillante.

PS: Te agrego a amigos para poder leer con más comodidad la siguiente parte. Espero que no te moleste.

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On March 31st, 2008 09:17 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Jajajaja. me alegro que la historia te enganchase lo bastante como para seguir a este ritmo los últimos capítulos. La estoy haciendo con mucho cuidado y cariño, y una recompensa así es fantástica.

Me apunto como siempre todos tus comentarios y retocaré los fallos. Gracias por hacérmelos ver ;)

Y por supuesto es un placer enorme que me añadas a tu lista. Tu atención a "El Pacto" estos últimos días me han llevado a que ahora mismo esté repasando el capítulo 11 (Las montañas brumosas) para ver qué tengoq ue mejorar antes de colgarlo. No creo que tarde mucho en ponerlo en el LJ.

Un abrazo, compañera.

Mordaz

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