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. Todo quedará borrado (2 de 3) Trata de bajar la ropa con suavidad, pero pronto pierde la paciencia. Sabe que tiene carta blanca porque nada de esto existirá. Así que los dedos se vuelven garras y destroza la ropa usando su fuerza sobrehumana. Los restos de tela quedan flotando en el aire a su alrededor, como cuervos que contemplan el festín. Le arranca el cinturón con la cartuchera vacía y lo lanza bien lejos. Claire está desnuda hasta medio muslo, las piernas separadas y el brazo alzado para apuntar al vacío. Ya no hay marcha atrás. No puede reactivar el paso del tiempo y fingir que no ha pasado. Ha quemado sus puentes. Levanta la pesada cola de caballo para contemplar el cuello de la joven, su único punto débil y por el que Peter siente una especial fascinación. Inclina la cabeza de Claire hacia delante y posa los labios sobre la piel de la nuca. Un beso casto. Sigue abrazado a su espalda desnuda, sin atreverse a mirarla a la cara mientras se deja llevar por este sentimiento liberador y doloroso al mismo tiempo. Frota su frente contra la piel femenina y respira su perfume. “Oh, Claire” es lo único que puede articular, una y otra vez. La aprieta fuerte contra él, como si quisiera fundirse con ella. Llevársela a través del tiempo y el espacio. Recorre la piel desnuda, las clavículas, las costillas, la marcada cintura, la curva seductora de su cadera y el exterior de los muslos torneados. Un movimiento lento y continuo, de arriba abajo y de abajo a arriba, los dedos bien abiertos, tratando de abarcar toda la superficie posible, como si moldeara su contorno. La respiración de Peter se acelera. Las manos masculinas escalan por el torso de Claire y se posan sobre los senos. No poder ver lo que toca es mortificantemente sensual. Explora la curva inferior del pecho y el tamaño de los pezones, que imagina grandes y rosados por alguna razón que no entiende. Los pellizca con las puntas de los dedos. Más fuerte. Nota la erección dolorosa contra la cremallera de sus pantalones, cada vez más grande y voraz. Parece como si toda su sangre hubiera abandonado su cabeza y viajase hacia la entrepierna. Muerde el hombro desnudo de Claire. Clava los dientes en la carne cálida, apretando las mandíbulas, y libera parte del desgarrador deseo que le atenaza las entrañas. Ahoga un grito de frustración contra su cuerpo, el vello erizado de electricidad. Hay tantos poderes dentro de él luchando por manifestarse que tiene que controlarse para no fundirse literalmente con ella o elevarlos a ambos del suelo. El sabor de la sangre sobre su lengua le devuelve algo de cordura. No mucha. Sus dedos agarrotados descienden por el suave vientre de la joven, se hunden en el hueco del ombligo y prosiguen su camino. Roza el vello púbico, más largo y ondulado de lo que esperaba. La idea le excita aún más. Peter arquea las piernas y empuja las rodillas de Claire hacia delante. Le separa llos muslos para tener mayor acceso a un lugar que nunca debería visitar. Centímetro a centímetro recorre el pubis y se adentra con cuidado, explorando su sexo ardiente. La humedad que descubre le sorprende tanto que se detiene sin aliento, los ojos completamente abiertos. Sus dientes dejan una profunda marca en el hombro de la chica. Dios. ¿Tanto deseaba su muerte? ¿Hasta el punto de excitarse? ¿O es por otra causa? Se separa de Claire y la rodea hasta quedar frente a ella. A su paso aparta los jirones inmóviles que les rodean como pétalos negros. Durante un instante siente una vergüenza horrible y sólo piensa en cubrirla, incluso comienza a sacarse la estrecha camiseta para taparla con ella. Pero luego se repite que nada de esto es real y logra engañarse lo suficiente como para dejar paso a sus instintos más reprimidos. Permite que sus ojos se recreen en los pechos de grandes pezones rosados, como él fantaseaba, el vientre ligeramente curvo que parece esperar el embate de sus abdominales y el triángulo castaño entre sus piernas. Es tan bella como esperaba. Más incluso, porque no es perfecta. Tras tantos años finalmente puede contemplarla como deseaba. Es Claire. Su protegida. Su asesina. Con mucha suavidad, la coge por las mejillas y le levanta la cabeza hasta mirarse en esos ojos azules que no parpadean. Acaricia los tersos pómulos y resigue la línea de la pequeña barbilla. Peter cierra los ojos y la besa. Sus labios acarician la boca cerrada de Claire y su lengua tantea las comisuras y se abre camino hasta sus blancos dientes. “Claire. Lo siento, lo siento”. Besa su frente, la mandíbula y la punta de la nariz. Recorre la tráquea indefensa. Enlaza los fuertes dedos con los de ella y la mueve como una bailarina, escondiéndose en su abrazo desnudo. Los senos se aplastan contra su pecho y el vientre femenino roza la bragueta hinchada. Piensa en poseerla. De repente un montón de imágenes le golpean. Sólo tiene que bajar su cremallera, tumbarla en el suelo y penetrarla a fondo. Por delante, frente a sus hermosos ojos claros. Por detrás, agarrando sus caderas y abriendo sus nalgas para poder ver mejor. Usar su boca de labios mullidos. Derramarse en ella, sobre ella, marcarla como un animal para que nadie más se atreva a tocarla. Follarla hasta dejarla llena de cardenales que pronto desaparecerán. Usarla hasta quedar seco y agotado, vacío de recuerdos, cubierto de sudor y de una pátina de vergüenza que espera poder borrar. Sabe que puede hacerlo. Apoyarla contra las cajas del fondo, inclinar su espalda y separarle las piernas. Sodomizarla lentamente y con cuidado, explorando hasta qué punto puede ensuciar su relación y estirar el lazo familiar que los une y los separa. Estamparla contra una pared y rasparle la espalda mientras se hunde en ella, clavándole sus dedos en la carne. No sería la primera vez que lo ha soñado despierto, apoyándose contra la mampara de la ducha, las piernas temblorosas y el agua arrastrando los restos de su pasión. O por la noche, tratando de conciliar el sueño que se muestra esquivo, oculto por las sábanas sudadas y mordiéndose los labios cuando el orgasmo le sacudía con espasmos. Tras el placer volvía la culpabilidad. Nunca ha creído que podría hacer realidad sus deseos. Su poder no le ha mostrado un beso compartido, ni sus miembros entrelazados en una cama revuelta. Está tan acostumbrado a que el futuro le sea desvelado antes de tiempo que a veces se olvida que en realidad nada está escrito y el futuro (su presente) puede cambiarse. Con su salto al pasado todo quedará borrado. Pero en sus fantasías ella siempre estaba receptiva. Quizá no al inicio, pero los besos y manos de Peter la hacían rendirse a lo que ambos sabían inevitable. En sus sueños, era Claire la que acababa enroscando las piernas morenas en torno a su cintura y le marcaba un ritmo hambriento con los húmedos embates de su pelvis. La que le arañaba la espalda y le susurraba las palabras que todo hombre desea que la mujer que quiere deslice en su oído mientras hacen el amor. Claire era la que le sorprendía despertando su líbido de nuevo con la boca, abriéndole las piernas con manos juguetonas y cubriéndole de saliva ardiente. Pero estar con ella sin su participación no es lo que quiere. A pesar del deseo. Porque lo que anhela no es sólo sexo, sino rendición. Que ella admita que ha pensado lo mismo en algún momento de estos años. Él nunca se ha atrevido a sondear su mente por miedo a que sus sospechas sean ciertas. Al menos antes de que ella decidiera que no lo quiere más en su vida. O que ya no le quiere vivo, punto. SÓLO TIENE 8 PÁGINAS, no hacía falta hacerme dividir en tres!!! |
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