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A veces es interesante tener opiniones impopulares. Es como decir: eh, me gustan algunas porquerías y acepto que lo son. Dar la oportunidad de que, en caso de gozar de alguna credibilidad, te metan una real patada en las posaderas. No trato de convencer a nadie, pero por alguna razón que no acabo de identificar, llevo días meditando cómo explicar esto. O por qué gasto mi escaso tiempo en algo así, en entonar una especie de mea culpa desvergonzada. No puedo defender esta serie demasiado. Sería un suicidio. Meter la cabeza en el lavabo y esperar que alguien tire de la cadena. Ojalá pudiera decir que sólo me gustan los productos de HBO o Showtime, o los clásicos. Pero no sería cierto. Vamos allá. He visto la primera temporada de Águila Roja y voy a ver sin duda la segunda. Me gusta. Me lo paso en grande y soy capaz de perdonar todas sus carencias y excesos.
Y porque ADORO las aventuras. Estoy totalmente de acuerdo con Arturo Pérez Reverte que había que resucitar el género (él lo hizo con “Alatriste”) y hacía falta lograrlo también en pantalla. Hablemos de TODO LO MALO. Y son muchas cosas. Pero quedémonos también con lo bueno, que es que son más de 60 minutos de aventuras de las de antes (o pretenden serlo), aunque queden descafeinadas.
Antes de todo, supongo que debería hacer una sinopsis rápida de la serie, para que sepáis de qué hablo (si no sois parte de los 5 millones de personas que la han visto, aunque eso no es sinónimo de nada, porque la triología de LARSSON es un best-seller y me parece simplemente pasable). La típica historia de una venganza Estamos en un postizo siglo XVII, en pleno reinado de la casa de los Austrias. Una facción de la nobleza, entre los que se encuentra la ambiciosa Marquesa de Santillana, ha decidido acabar con el rey. Desean poner en el trono a alguien de la dinastía Borbón. Para ello se embarcan en una logia secreta y obscurantista, con extraños y desagradables ritos y cuyos miembros van tatuados (lo que es una estupidez si quieren negar luego su implicación) y cubiertos con ropajes rojos que ocultan su rostro en las reuniones de la hermandad. Un valiente capitán, soldado leal al rey, ha descubierto la conspiración y tiene un libro que contiene los nombres de todos los implicados. La noche de Navidad, huyendo de sus captores, tropieza con Cristina, la mujer del maestro, que había salido a buscar a su esposo que se retrasaba. Como resultado de este desafortunado encuentro, el capitán a la fuga pierde el libro, y por otro, Cristina es apresada por el comisario, Hernán Mejías, una oscura figura de poder al servicio de la logia y amante de la marquesa. A pesar de torturarla (bastante penosamente, por cierto), no puede extraerle información sobre el espía. La abandona malherida en las calles nevadas, donde Gonzalo, su marido, la encuentra demasiado tarde. Cristina muere allí mismo y Gonzalo de Montalvo, se transformará en el azote de las injusticias en las calles de Madrid hasta vengarse. Ya podían haber matado a otra, porque lo que nadie sabe es que Gonzalo tiene ciertas habilidades que aprendió en sus viajes, a las que había renunciado tras encontrar a su mujer. El maestro y justiciero tendrá que encontrar el equilibrio entre ser un padre para su hijo de 8 años, Alonso, y su búsqueda de los culpables. Le acompañará su fiel criado Saturno, que es el representante de la picaresca española. Un ayudante torpe y que será la voz de la razón, y que incluso cuestiona en voz alta las habilidades de Gonzalo y sus costumbres de héroe (¿esas plumas… se le caen o las deja?) y se queja de tener que seguirle caminando a todas partes mientras que su encapuchado compañero va saltando de tejado en tejado. Agustín es el fraile que es el contacto de Gonzalo con las altas esferas, el que sabe de qué va todo y tiene esa manera de hablar tan críptica que tanto exaspera al espectador y tan cómoda es para los guionistas. Es el único, aparte de Saturno, que conoce la doble identidad de Gonzalo. Y Margarita, la cuñada de Gonzalo. Hermana de Cristina y verdadero amor del protagonista. Un malentendido con final trágico en su adolescencia los separó y Gonzalo nunca la ha perdonado. Alonso decide desobedecer a su padre y enviarle a su tía cartas pidiéndole que los visite tras la muerte de su madre. Margarita, abandonada hace años por su marido que huye de los acreedores, deja Sevilla y se presenta en la ciudad, pero no cuenta con que el rencor de su cuñado le cerrará las puertas de la casa. Hasta aquí es una buena historia sobre el papel (muy trillada, eso sí). Un cuento de aventuras que promete. Pero como somos nosotros y aún estamos a medio cocer, ha quedado aguada la sopa, por falta de experiencia y de presupuesto. Pero hay muchos elementos que funcionan, y sería de muy mal gusto aceptar una historia así de fuera de nuestras fronteras y no aceptar que lo hayamos hecho nosotros. Un brazo de la ley corrupto, gente del pueblo con preocupaciones ordinarias, conspiraciones, intentos de envenenamiento, asesinos psicópatas que asesinan niños, brujas condenadas a la hoguera, desertores… Es un folletín de aventuras con algunos puntos cómicos. Con todas sus dolencias y bondades. Además hay niños (con mucha cuota de pantalla), así que se trata de un producto familiar (aunque los desnudos más que ocasionales digan lo contrario). - Asalto con fusil a todos los clásicos No queda fuente sin explotar descaradamente. Desde el protagonista del videojuego de Assassin Creed y sus saltos por los tejados, a Robin Hood, el Zorro, Las tramas recorren los clásicos de todas las películas y series de acción. Podemos reconocer por ejemplo elementos de “El hombre de la máscara de hierro” o los desaparecidos herretes de diamantes de la reina en “Los tres mosqueteros”. Así que Águila Roja adolece de todas las fantasmadas de estas novelas. Como la escena clásica del héroe herido en una misión que trata de volver a casa, a la que el malo va a buscarlo para desvelar su identidad. Cuando llega allí, el protagonista ya ha adoptado su identidad civil y finge sorpresa al ver a su enemigo, mientras lucha por no sucumbir al dolor de su herida ni caer en las provocaciones. Cliché. Pero siempre funciona. Heridas que se curan en un capítulo. Cicatrices que desaparecen. Balazos que permiten luchar al protagonista. Escapadas imposibles. Cambiazos de vestuario en tiempo récord. Casualidades oportunas. Confusiones que desencadenan las tramas. Pasadizos secretos. Agujeros en las paredes desde los que espía. Hijos bastardos. NADA que no hayamos visto, sufrido o disfrutado en los clásicos de toda la vida. Incluso tengo que mencionar que SIEMPRE hay luna llena. No hay sorpresas en los guiones, y eso sí que es algo MUY criticable. Podrían haber tratado de dar algún giro final que no fuera tan previsible. O dotar de un poco más de grises a los personajes, aunque se ha tratado de humanizar al comisario y la marquesa en varias ocasiones. Aportar más matices y huir un poco de tanto arquetipo y un final de temporada con sorpresa que provoca alguna carcajada entre incrédula e indignada. - Coherencia histórica No tiene. Se queda con la ambientación y el resto simplemente lo modifica a conveniencia. A veces le da unos bofetones a la historia que te dejan bailando las orejas. La época es una excusa estética, como ellos le llaman. Y yo lo acepto, porque si no estarían demasiado encorsetados, y como escritorzuela, sé lo que eso significa. Que necesitas ser historiador y además la mayor parte de tramas se te van al retrete. Las mujeres sólo pueden comportarse de una manera muy específica, y eso impide conectar con el público actual. No vayamos a estirarnos de pelo y gritar ¡ultraje! porque eso sería una gran hipocresía. En Robin Hood de Esa ropa…
Gonzalo aparece con camisetas interiores de Zara con las costuras por fuera y camisas de todos los tonos (siempre con el cuello abierto para mostrar su pecho lampiño), y en una grandiosa ocasión con una cazadora de cuero tipo Lobezno, a la que no se le ve ni una maldita puntada. Y no duerme con una ridícula camisola de la época, sino con un pantalón con goma a media pantorrilla y camiseta de manga corta. La chaqueta repujada del médico (Juan) es una preciosidad, aunque le confiere un aspecto demasiado militar. Y el uniforme del comisario, aunque muy interesante, es el único vestuario que le vemos en toda la temporada. La ropa de los protagonistas se ve limpia, aunque arrugada, y sospechosamente sin muchos remiendos. Sólo algunos personajes más marginales parecen llevar mugre pegada a la tela. Aunque tratan de repetir vestidos para dar cierta sensación de “gente de pueblo”, éstos son demasiado bonitos para pertenecer a prostitutas, sirvientas o taberneras. Eso sí, que no falten los escotes para lucir esas carnes lozanas de española de buen ver. Esos cabellos Obviamente, todo el mundo lleva melenas de champú de anuncio, excepto los leprosos y gente de baja ralea. Y Gonzalo a veces lleva un pelo estupendo, donde se nota la mano de la peluquera tirando de cera y secador de mano. Otras va desaliñado y mucho más realista. Especial atención a los peinados de Lucrecia, por supuesto. Y las canas del comisario, con ese gris tan perfecto y esmerado, a lo Richard Gere. Desnudos gratuitos Se empeñan en enseñarnos la gran cantidad de veces que se lavan, lo que es muy importante por dos razones: para que no estemos pensando todo el rato la de roña que deben tener bajo las uñas y el olor a sudor que les debería acompañar, y por otro lado porque hay que mostrar mucha carne femenina en pantalla. Cualquier excusa es buena para pararnos sobre los senos apretujados por el corsé de las protagonistas, en los reflejos de los espejos o simplemente en el integral y descarado desnudo de espaldas de Lucrecia en una escena que tiene tintes lésbicos (o yo veo carne donde sólo hay pan). En el segundo capítulo te insertan un primer plano del trasero de Gonzalo en plena ablución, como quien no quiere la cosa, y se hace publicidad del tamaño de su entrepierna (además de un chiste carcelario). Por cierto, un culo redondo y bien bonito, todo sea dicho. O el gigantesco torso del médico, que debe pasarse el día en el gimnasio de Somos españoles. El destape es nuestra herencia. I’m So Pretty No hace falta mencionar que todo el mundo tiene dientes perfectos, las piernas depiladas, los pechos altos, hacen pesas y llevan la manicura, porque eso sería ponernos tontos con todo el cine de época excepto honrosas excepciones de estética desagradable. - La (irritante) influencia de Oriente Puedo imaginarme a los guionistas flipando alrededor de una mesa al decidir que nuestro héroe enmascarado iba a ser como un superhéroe de cómic. Y asegurando que lo que vende son las artes marciales. Así que nuestro querido Gonzalo de Montalvo se fue de viaje a Oriente para encontrarse a sí mismo y fue entrenado por un maestro japonés, entre otros. Aún me carcajeo. Primero que lograse llegar hasta allí y que lograse comunicarse con ellos. Y más que un sensei aceptase mostrar sus técnicas a un gaijin (extranjero) salido de la adolescencia. Porque Gonzalo sabe usar la katana (que trajo de sus viajes), el palo, tira shurikens, desaparece en nubes de polvo, escala a toda velocidad, salta de tejado en tejado como un gato y desaparece con el sigilo de un fantasma. Es la excusa (desafortunada a mi entender) para poder ver patadas y explicar las habilidades sobrehumanas del Águila Roja. ¿Voy a quejarme? Sí, por supuesto. No hacía falta. Pero entiendo que eso aporta una estética diferente que no lograríamos teniendo a un antiguo soldado de Flandes curtido en batallas en las que se degolla al enemigo. No habría capas ondeando al viento, ni florituras con la espada. Los franceses llevan una década usando la misma excusa. Y nadie abre la boca. ¿Acaso no os acordáis de las artes marciales del supuesto apache de “El pacto de los lobos”? ¿De las piruetas de los tramperos en esa misma película? Desde hace años todas las películas de Luc Besson y de otros de sus compatriotas (“Los ríos de color púrpura”, por ejemplo, dirigida por Mathieu Kassovitz y protagonizada por Jean Reno y Vincent Cassel) han incluido acrobacias orientales para dar color a sus escenas de acción. Tras debatirme entre rechinar los dientes o taparme la cara cada vez que Gonzalo hace el ninja, he decidido rendirme y aceptarlo con un gruñido. Supongo que en el fondo me gustan las muñequeras y el peto de cuero rojo. Lo que aún me duele es que lleve una máscara de lycra para tapar sus facciones. Odio el rollo ninja, pero he decidido ignorar la bilis que me sube por el cuello cada vez que me paro a pensarlo. - Escenarios Hay dinero, pero no lo bastante. Lo que obliga a situar casi toda la acción en la misma calle donde viven nuestros protagonistas. TODO ocurre siempre allí. Puedes pasear tranquilo por A pesar de ello, hay intentos por ir a exteriores, con salidas al bosque (incluso de noche). Por suerte o por desgracia, en esa época las casas eran bastante austeras, comenzando por el propio rey de los Austrias. Eso simplifica la decoración, pero hace que los palacios se vean algo pobres, aunque signifique ser más fidedigno. La casa de Gonzalo es enorme considerando su profesión de humilde maestro. Y su alcoba tiene escritorio, un fresco y cama con dosel, con telas de calidad. No sé exactamente si se considera que sus padres tenían dinero, pero algo debió heredar para disponer de esos muebles. De la casa de la marquesa (el palacio) se juega con pocas habitaciones. Un exterior bonito que creo reconocer de “El perro del hortelano”. En interiores, aparte de la espaciosa cocina, se usa una y otra vez la misma habitación, que se filma de más lejos cuando se quiere que tenga columnas y parezca un salón grande, y de más cerca para simular otras estancias. Como hay una chimenea al fondo, se cuelgan tapizados y telas para convertirlo en diferentes salas. La del té. El comedor. La alcoba. El baño. Se cambia el mobiliario y se supone que estamos en otra habitación. A veces te dan ganas de gritar. Luego hay un pasadizo que se utiliza para todo: calabozos laberínticos, entrada al escondite de la logia, cuevas. Eso es aprovechar recursos. A base de iluminar de una manera u otra, rodar por la derecha o la izquierda, hacer planos largos o cortos. Lo que pasa es que te apetece aullar de impotencia a la tercera vez que reconoces el plató porque te saca de la escena. Y las distancias varían según la necesidad dramática. En ocasiones el palacio de la marquesa parece estar dando la vuelta a la esquina y otras hay que desplazarse en carruaje. Una criada puede llegar a pie a ver al rey y otras les lleva tres horas a caballo. O puede que yo lo haya entendido mal y se fueran a Segovia. - La acción Flojea mucho. Aún no saben rodarla y eso hace que queden poco naturales. Se nota la coreografía, y cómo esperan los dobles para atacar al protagonista. Falta tanto por aprender… Pero se comienza a usar la cámara lenta (espero que no les dé por abusar demasiado) y mover la cámara con un poco más de gracia. Pero a veces estas escenas caen en el ridículo y habría que esmerarse mucho más. Ah!, y han comenzado a usar el ordenador para simular la sangre que salpica o algunos tiros de con ballesta. Estamos en pañales, pero al menos se está intentando. - Personajes Los actores no están mal. Al contrario, algunos trabajan realmente bien considerando la papeleta que les ha caído entre manos. Hacer creíble un folletín es complicado. Que tus compatriotas cínicos y quejicas lo acepten, mucho más. Hay que pararse un instante en los extras. Y lanzarles unas cuantas pedradas. Aparte de escasos (¡falta presupuesto para lograr una multitud y eso a veces hace que la escena caiga en el ridículo!), actúan como el culo. Lo repito: como el culo. Oírles gritar consignas de fondo es terrible. Por no decir que alguno hasta se ríe en cámara. Triste. Además son reciclables, así que más de una vez ves a un tipo que era un mendigo y cuatro capítulos después va bien vestido y toma copas en la taberna de Cipriano. O este tipo ha trepado rápidamente en la escala social, o es que los de personal creen que soy poco fisonomista y me engaña un gorro en la cabeza. Gonzalo de Montalvo Quizá lo que encuentro más novedoso (y es que hay muy poco en este apartado) es el triunvirato de Gonzalo. Una parte al menos. Gonzalo-hombre, persona seria pero amable de trato. El maestro. El viudo. El que reprime la pasión. Eternamente triste. Si ha sonreído ha sido casi de milagro. Gonzalo-héroe. Cuando se enfunda en su traje, Gonzalo varía ligeramente. Es más pasional y tiene más color. Se atreve a hablar con una libertad a sus personas queridas que no puede sin la máscara. Al ponerse el disfraz de algún modo se quita la careta de hombre corriente. Gonzalo-padre. Me parece la menos usada en este géro (aventuras) y la más interesante, porque Gonzalo quiere con locura a su hijo, y se encuentra en la tesitura de dejarse llevar en la cruzada asesina y vengadora o educar a su hijo para ser una persona que no resuelva los problemas usando la violencia. La relación padre-hijo-héroe es la que tiene Loise-Clark-Superman o alguna mezcla parecida. Cariño por la identidad civil, aunque se lo considere pusilánime en muchas ocasiones y adoración absoluta por la personalidad de héroe. Así pues, Gonzalo tiene que descubrir los sentimientos de Alonso como Águila Roja mientras que el niño sólo tiene mentiras y silencios para su padre. David Janer logra un personaje muy correcto. Tozudo e irascible en momentos. Serio la mayor parte del tiempo. Atractivo sin resultar inhumano. Guapo sin ser excesivo. Mis escenas preferidas son cuando está frente a frente con Lucrecia. No dudo ni un segundo que ella esté enamorada de él. Es el tipo de persona que la volvería loca porque no puede doblegar, no sin hacerle perder la integridad que tanto admira en él y tanto detesta en otros. En cambio, no me gustan sus escenas con Margarita. Se supone que la suya es Lucrecia de Santillana Mi personaje favorito, sin lugar a dudas. Es manipuladora y egoísta. Pero también es una mujer terriblemente infeliz. Su amor por Gonzalo es tan grande que le pesa como una losa. Con él es humana y asequible. Si alguna vez descubriese que es el Águila Roja, es probable que lo decidiera ignorar para mantenerlo con vida. Su mismo amor desmedido por su hijo, a la par que su ambición, la convierten en un personaje interesante, y aunque a veces caiga en el exceso como “malvada”, lo compensa con destellos de vulnerabilidad. Saturno El contrapunto cómico, con las mejores frases que a menudo saltan el marco histórico. Pícaro y burlón. Tierno. El ayudante torpe que le toca trabajar demasiado, que hace malabares para que el presupuesto familiar dé para comer a todos los de la casa. Trabaja de día y de noche, y se enfrenta al mal sin habilidades y a cara descubierta, lo que es un auténtico despropósito, porque Gonzalo sólo muestra los ojos y oscurece la voz, pero llama a su ayudante por su nombre en presencia del enemigo. Si alguien no ha sumado 2+2 es porque en esa época no debían saber matemáticas o todo el mundo tiene unas dioptrías de caballo. El resto Hay actores mejores y peores (me encanta Catalina), y hay mucho niño con muchas tramas y escenas. Lo bueno es que slos nenes son todos guapísimos, y la gran mayoría actúan bastante bien. Así que no molestan demasiado. - Resumiendo: Lo bueno y lo malo Aún está a años luz de la ficción francesa o la estadounidense. Falta gente haciendo de extra y que lo hagan bien. Demasiado blanco versus negro. Falta acción mejor hecha y aprender a hacer guiones más novedosos y arriesgados. La banda sonora está bien y funciona perfectamente. La serie es entretenida, como un folletín. Es nuestra y es un enorme esfuerzo por hacer algo distinto. Admiro eso. Porque sé que lo que escribes sobre el papel puede quedar estupendo y luego debes enfrentarte a problemas reales y desagradables de presupuesto o carencias técnicas. Quizá estemos viendo el paso a mayor inversión en series nacionales y de allí a tener un producto interior exportable y del que sentirse orgullosos. Y todo esto para decir que es cutre y sin embargo me gusta. Lo voy a añadir a mis intereses y verás la de gente que me borra de su f-list XD (obviamente es una broma, y tampoco me preocupa). |
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Holis! ^^ Pues bueno, he de decir que vi un capítulo o dos...y...tuve que apartarme de la tele. A ver, no me voy a poner repelente, ni voy a ser falsa ni nada. Si te digo que me aparto, es verdad. Tienes razón, se nota que es algo medianamente nuevo, y que le ponen empeño, y que es modernillo en cuanto a que es lo que se lleva por ahí (Robin Hood, Merlín y tal). Y que sí, le falta dinero de por medio y algunos años de avance a lo que estas series se refiere. No lo voy a criticar por eso. Es, como tú dices, muy aplaudible. Pero es que a mí no me cuadra que en ese siglo se lleve esa ropa, se hable de esa forma, o tengan ciertos comportamientos. Y se lo digo a Águila Roja, y a Merlín (que la empecé a ver en la tele y casi me da un payú cuando vi que Merlin era criado de Arturo y su churri era Gwe, por ejemplo) o a Robin Hood (que vi dos capítulos y no conseguí engancharme). Que sí, que hay otras series o miniseroes que también te dejan patidifusa, pero mínimamente lo disimulan un poco. Llámame tiquismiquis, pero no me cunde ver a una WonderWoman en la Edad Media, ni a una Juana de Arco en el siglo XXI. A cada época, lo suyo. O al menos inténtalo, o si no, no pretendas que sea una serie historíca. No sé, defecto profesional, lo que sea. Mira, ahora ando viendo otra serie, Mad Men (igual te suena), ambientada en EEUU en los años 60, aprox. Y bueno, vale, puede que sea una época más reciente y todo lo que quieras, pero lo llevan todo bastante adecuado. Es más fácil de registrar cada cambio y cada acontecimiento, pero al menos investiga antes de hacerlo. Y una cosa es tomarse "licencias creativas" y otra poner Matrix en la Castilla de los Austrias. Y me gustan las series/miniseries de época (en realidad, de la que sea), pero....hay cosas que no. Las miniseries de la BBC, sobre todo las victorianas ( o rondándo esa época) están bastante bien. Sí, todo el mundo es divino de la muerte, pero...mantiene cierta cosa. Y yo porque te suelto todo este peñazo? nu sé, me pillaste inspirada, me temo. Pero, eh? Yo no te voy a desagregar, cada uno es libre para ver lo que quiera. Y como dice Dry, todas vemos series que es mejor no pensar en ello. Yo veo Skins, me puedes patear el culo por eso si quieres. Y leí lso libros de Tw, y vi la película y tal. Todas tenemos los guilty pleasures esos. Y? Molamos mil igualmente :) Saludillosss!! :D Tú es que lo tienes mal de verdad para poder disfrutar de una serie histórica. Por suerte a mí me ofenden ciertas cosas pero acepto las licencias para poder dar más fuerza a una historia. Estoy a medio escribir una historia en ese periodo histórico (la llevo mucho tiempo empezada), y si tengo que pasar un filtro de credibilidad, me corto las venas XD He oído maravillas de Mad men. Debería descargármela, pero no sé de dónde. Sí, bueno, la cosa es compleja. A ver, que yo me pongo a verlas, no es que pretenda ser un bichito de biblioteca. Pero es como..."Ay madre, pero qué hacen? Qué haceeeen!!??" Y me acaban dando patatuses y las acabo abandonando. Pero bueno, es lo que tiene. Historia de los Austrias? o de la Edad Moderna? O de what? ay, cuenta, cuenta, que me mola *pone ojitos* Mad Men a mí es que me la pasaron, así que no sé de donde la sacaron. Pero he hecho una búsqueda algo así rapidilla, y te dejo algún sitio para bajarse la Primera Temporada (luego te busco la segunda, que son las que hay): Jeeeee! Rápida y veloz como el viento! (aprox, téngase en cuenta mi patata-conexión) Mira, primera temporada, en un solo link (megaupload, que va mucho mejor, con susb adjuntos y de todo, sin registrrse): http://www.cientoseis.es/index.php?topi Y la segunda...aún no encontré, pero no desesperes, ¡alerta constante! :) |