La musa observa la pantalla del ordenador con los brazos cruzados, lo que hace que se eleven sus pechos bajo la delgada túnica de corte clásico y sus grandes pezones abulten y oscurezcan el lino. Frunce los labios carnosos. Sus ojos negros observan a la escritorzuela, aunque hace ya tiempo que no se merece siquiera un título mediocre como éste.
“Eres una mentirosa, Mordaz”.
Su voz ronca parece siempre sorprendida en medio de un orgasmo. Es difícil tomarla en serio.
La mujer sentada a la mesa sigue redactando el informe con dedos histéricos, las teclas resuenan como disparos de metralleta en el despacho. Lleva el cabello recogido en un moño apresurado.
“Ajá” contesta ésta sin prestarle atención “Qué interesante”.
Si hay algo que Erótica (la versión moderna y zorripuerca de la musa griega Erato) no soporta, es la indiferencia. Aprueba los tirones de pelo, los mordiscos, el retorcer de pezones, los cachetes, los insultos con voz tomada, incluso los escupitajos apasionados. Pero no que se la ignore. Así que se sienta sobre la mesa y su voluptuoso trasero aprisiona las actas de las reuniones del día.
“¿Qué?” espeta Mordaz. Tiene la mirada vidriosa de la vorágine del trabajo. Huele raro. A tinta
de impresora y acústica de teléfono.
En cambio, al mover la musa su larga y lacia melena negra, el despacho se llena de una amalgama de aromas intensos: sudor, semen, saliva, celos… es como estar atrapada en una cama de sábanas revueltas que huelen a deseo y pecado.
“Me tienes desatendida” protesta haciendo un mohín.
“Ahora no.” avisa Mordaz mordiendo las palabras “No puedo estar por ti.”
“Pues encuentra tiempo.”
“NO PUEDO. Tengo que hacer mil cosas y no tengo ni tiempo ni ganas de ponerme a escribir. Tocar el ordenador fuera de horas de trabajo me produce ansiedad. Abro el Word y me salen ronchas. Deja que pase esta mala racha en la oficina y las cosas en casa se tranquilicen y podré ponerme de nuevo a crear. Ten un poco de paciencia. Parece mentira que seas la personificación del erotismo. Creía que eras la encarnación de las miradas sensuales y las caricias robadas.”
“Me van más los polvos con ropa desgarrada en los cuartos de la fregona.”
Mordaz pone los ojos en blanco. No debería ni hablarle. Ni reconocer su existencia. El resto de las musas están en la periferia de su visión, esperando un momento para materializarse y reclamar su espacio. Irónica, Épica, Misteria y las demás. Están furiosas. Tristes también.
Erótica es la más pegajosa. Es parte de su naturaleza.
“Está pendiente el fic de FRINGE de alderaan.” se queja la musa “Habías decidido hacerlo un poco porno.”
“Son más de 30 páginas. Estoy acabándolo, ¿vale?. Quiero entregarlo de golpe, no por entregas.”
“Lo que digas. Pero no es lo bastante explícito y lo sabes, hay que poner más penes y vulvas, y lo digo así para que no me laves la boca como la última vez que dije pollones y coños.”
“¡Ei!”
“Y entre las millones de cosas que debes, hoy es el cumpleaños de m_enia y no has tenido ni la decencia de felicitarla. Ni dos líneas”.
“¡No me salgas con estas! ¡No juegues con mi sentido de la culpa! ¡No te lo consiento!”
Erótica queda sin palabras. La explosión de rabia ha sido tan fuerte que ha sentido un orgasmo involuntario. Mordaz está lívida. Duerme nada, trabaja demasiado y ha desatendido demasiado su vena creativa. Tiene el mono.
“Adoro a m_enia. Tú y tus hermanas existís por ella. Por su imaginación. Sois una perversión de su saga de las musas. Esa mujer increíble vino a visitarnos desde el otro lado del Atlántico. Nos charlas interesantísimas. Sonrisas. Nos trajo dulces de leche…”
“… para que nos engordáramos, la muy ladina”.
“Sólo dices eso porque no lograste hacerle escribir pornografía decente. Así que no me digas lo que tengo que hacer. Ya sé lo que debo hacer, y es acabar este informe.”
“Lo de m_enia no es culpa mía. Cree que es una negada. No puedo obligarla a escribir una escena tórrida porque se siente tonta. No puedo romperle los nudillos, va contra las reglas”.
“Pero sí que puedes amargarme a mí. Llévate tu olor a prostíbulo a otro lado y déjame concentrarme. Por tu culpa no dejo de visualizar a Hugh Jackman y Sam Worthington sin camiseta y llenos de barro. Tengo sudores.”
La musa se pasa la lengua por los dientes, juguetona. Tiene unos hoyuelos donde un hombre casto se caería dentro y se ahogaría en sus profundidades.
“Deberías ceder. Resistirte a mí es doloroso.”
“Ahora los veo en medio de una lluvia tropical frotándose los pectorales. ¡Fuera tú y tus feromonas! A la puta calle.”
“Reprimida.”
“Soy una persona responsable. Pírate.”
Erótica desaparece, dejando una mancha sospechosa sobre los papeles de la reunión. No hace falta olerlos para saber cuál es su rastro. Amarga y a la vez dulce absenta.
Mordaz vuelve a aporrear el teclado definiendo objetivos del departamento, pero ya es tarde. Las musas palpitan en la sala, los ojos iluminados desde dentro por el poder de la creación, haciéndose cada vez más definidas y tangibles. Están débiles y desentrenadas.
Quizá pueda escribir cinco minutitos, piensa la escritorzuela reprimiendo un escalofrío.
Ni uno más.
PD. Felicidades m_enia. Tú entiendes mi dolor.