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Mordaz · Files


SANGRE & TEQUILA (Parte 13 de ?)

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Editado * Finalmente este capítulo ha acabado dividido en 4. Cubre las partes 13, 14, 15 y 16.

Seguimos en el pasado. Tras conocer un poco más a Elena, tendremos un primer contacto con las actividades de su grupo. ¿Preparados?
 
Déjame un comentario sobre lo que piensas y eso, además de ayudarme a valorar mi trabajo, hará que escriba más y más rápido.
 
 
Septiembre
 
Se pasa la mano por la cara y ve en la relativa oscuridad del invernadero que está cubierta de sangre. La nota secarse en su rostro, la siente cuarteándose en sus labios. Escondida tras una mesa cubierta de plantas, tiembla incontrolablemente. Los brazos, las rodillas, la mandíbula. Intenta calmar su respiración agitada, que resuena en sus oídos con un eco atronador. Evita hacer ruido, se dice, evita moverte.
 
Y esto iba a ser una demostración sencilla, piensa con sarcasmo que roza la histeria. Joder, si no estuviera tan aterrada se echaría unas risas.
 
Nunca ha pasado tanto miedo en su vida.
 
 
~~~~~~~~~~~~~~
 
“Nos vamos”
 
La joven salta de la cama donde estaba leyendo sin preocuparse por mantener la dignidad. A Elena le importan una mierda las apariencias y la verdad… mataría a alguien por salir de aquí.
 
Una voz en su cabeza le recomienda que muestre desinterés, pero está tan aburrida y desesperada por entender qué pasa, que no le hace el menor caso. Lleva esperando este día desde que su carcelera le prometió que en poco tiempo podría darle respuestas. Es consciente que, al ofrecerle un objetivo a corto plazo, la mujer la está manipulando, pero le da igual
 
Elena le tiende unas zapatillas de color blanco y rojo, y ella se las pone con un suspiro de agradecimiento.
 
“Ponte una chaqueta. En cinco minutos en la puerta”.
 
“Vale.”
 
Su armario ha ido creciendo en esta última semana. Alguien se ha pasado por unos grandes almacenes y ha llenado el carro con ropa de su talla: calcetines, prendas interiores, camisetas sencillas de varios colores y algunos pantalones.  Nada de marca. Todo liso, sin elementos que destaquen. A pesar de las prisas, salir es toda una novedad, así que tira la camiseta que estaba usando sobre el lecho arrugado, se pone una negra aún sin estrenar, arranca de la percha una cazadora tejana y apaga la luz de la mesilla. Controla a duras penas las ganas de correr por el pasillo. La claraboya central deja pasar una débil luz anaranjada que anuncia la rápida proximidad del anochecer.
 
Cuando desciende silenciosamente la escalera, ve a Elena al lado de la mesa de la cocina, preparada para partir con una mochila al hombro. La acompaña Abel, enfundado en su chaquetón enorme hasta los pies y una mujer mayor, quizá de origen indio, baja y arrugada, con el cabello muy corto y tan blanco que destaca contra su tez olivácea. Viste de verde oscuro y lleva un pañuelo largo alrededor del cuello. A ésta no la había visto aún.
 
Los últimos dos días la casa se ha convertido en un ir y venir de gente que habla en cuchicheos cuando se acerca. Los conoce a casi todos, aunque sea de vista, y a muchos les asocia un nombre, a veces un apodo ridículo: Rino, Doble J, Colt, Langosta, Cíclope… pondría los ojos en blanco si no fuera todo ya tan surrealista. Luego recuerda que la llaman Novata y le cabrea que le hayan privado de algo tan importante como el nombre.  
 
Lo que más la extraña es que, con la excepción de algunos casos, como el mismo Abel y su aspecto aterrador, y Víctor, que no sabe cómo clasificar, o Cíclope, el amo del bar con su parche de pirata, el resto parece gente seria y formal. O al menos hacen cosas de gente normal. Les ha oído reír y beber en la cocina, e incluso gritarse en alguna ocasión. No parecen estar locos, pero qué sabrá ella. Lo mismo dicen los vecinos de todos los psicópatas antes de que se descubra que tienen fetos enterrados en el jardín o que se dedican a disparar a turistas en su coto de caza privado.
 
Si se lo plantea en serio, no sabe si le asusta más que esta cuadrilla esté mal de la chaveta o que realmente todo este montaje y su abducción tengan un propósito real. Antes estaba más acobardada en su presencia, ahora… uno se acostumbra a todo cuando no tiene más remedio.
 
Se ha habituado a su nueva cama, a su sobria habitación, a comer en la cocina mientras Elena la ignora cuando trabaja con su inseparable portátil. Ésta apenas prueba las ensaladas y bocadillos rápidos que prepara con desgana, la mente en otro lugar. Casi no le ha dirigido la palabra en estos días, aparte de preguntarle si se encuentra bien, recomendarle alguna lectura o dirigirle intensas miradas cuando cree que ella no la ve. Demuestra un temple increíble considerando que tiene a una mujer secuestrada en casa contra su voluntad y que en cualquier momento la policía puede hacer una batida por el pueblo.
 
Je. No sabe porqué, pero se huele que Elena no está preocupada especialmente por este tema. ¿Cómo la sacaron del hospital si no estaban compinchados con alguno de los empleados? ¿Qué hicieron creer a su familia? ¿Que se había largado por propio pie, en pleno enloquecimiento? ¿Estarán buscándola? Seguro que sí.
 
Elena es presa de una actividad frenética. Habla constantemente por teléfono y se envía mails con informes e imágenes que nunca llega a ver bien, a pesar de que intenta posicionarse estratégicamente tras ella para echarle algún vistazo. La mujer rubia se reúne con otros habitantes del pueblo en las habitaciones de atrás de la planta baja. Cierran la puerta y tanto pueden estar dentro un escaso cuarto de hora, como otras veces la visita se convierte en una sesión maratoniana, interrumpida cuando alguien sale a buscar algo a la cocina o a aliviarse al baño. Cuando tienen lugar estos encuentros, siempre dejan a alguien para que la vigile y ella queda confinada en la biblioteca o la sala de estar, consumiendo horas que se hacen interminables.
 
Disfruta de libertad para moverse por la casa. Puede tomar prestado lo que quiera y llevárselo a su cuarto y comer lo que le apetezca a la hora que le plazca. Pero siempre que muestra su deseo de salir al exterior, Elena le pide a alguno de sus camaradas que la acompañe, cosa que hacen sin hablar mucho y respondiendo con evasivas a sus preguntas. Es un pueblo aislado y muy pequeño, ordenado y limpio, aparentemente un remanso de paz, con gente que se ocupa de sus modestos negocios y se lleva bien con sus vecinos. Pero ya sabe es una comunidad que trabaja unida por un fin común. Todos y cada uno. No puede confiar en nadie.
 
Cuando la ven descendiendo los últimos escalones, la conversación entre Elena y sus acompañantes cesa de pronto y la saludan con un golpe seco de la cabeza. La joven se retira hacia la biblioteca, ofreciéndoles algo de intimidad para que puedan hablar libremente.
 
Mientras finge consultar de nuevo los títulos de los libros y afina el oído por si puede captar algo de la conversación, piensa con fastidio que Elena tenía razón de nuevo: en una semana eterna ha ido dejando atrás la mayor parte de las fases. Demasiado rápido, sabe que su efecto no puede ser real. De la negación inicial, a la ira. Puñetazos en las paredes y lágrimas de rabia, siempre a escondidas. Aunque las marcas ensangrentadas en sus nudillos no pasan desapercibidas, Elena no ha hecho ningún comentario. Ni siquiera le ha dado eso. La joven corta leña mitigando la furia a cambio de fuertes calambres y agujetas en los brazos. Tiene todo tipo de fantasías, en las que se ve a sí misma trazando un astuto plan para fugarse ante sus narices, descolgándose desde su ventana hacia el patio y cruzando el lago a nado. O bien ya directamente sus preferidas, en las que sale de allí a base de fuerza bruta, cortando cuellos y pateando sus cadáveres antes de llegar a un teléfono público y esperar que la policía la recoja.
 
Luego la negociación, que básicamente no ha existido. Intenta aceptar la situación de la mejor manera posible, convenciéndose de que se trata de circunstancias temporales a pesar de las promesas de Elena. Pasará un tiempo aquí y luego podrá marcharse. Pero las horas se alargan. Se ha dedicado a mirar el techo, morderse las uñas, leer, ojear ilustraciones o ver la tele, -esta gente tiene la colección completa de Buffy, por favor, se pregunta si Elena es una cazadora y tiene que salvar el mundo-. También come bastante e intentar dormir todo lo posible para, simplemente, no estar. No pensar. No llorar. No nada. La rabia y la frustración han ido apagándose noche a noche hasta reducirse a cenizas. Han sido substituidos por hastío y una tristeza seca y silenciosa. Es la fase de depresión previa a la aceptación.
 
Intenta ser indiferente al dolor. No le han ofrecido ningún antidepresivo, ningún calmante, como si estuvieran desintoxicándola. Mantiene la pena a raya a base de lectura y televisión. El opio del pueblo del siglo XXI. Bueno, sólo la tele, no nos engañemos. Únicamente la promesa de saber es lo que la hace seguir adelante con la gracia de un zombi, pero moviéndose al fin y al cabo. No sabe porqué, pero cree que Elena era sincera cuando le dio su palabra.
 
Ahora se siente nerviosa y excitada. Espera a que Elena decida al fin hacerle caso. Se pasea por la estancia, estirándose dentro de su ropa informal, acomodándose a su nueva vida, con las manos a la espalda. A través del arco oye la voz grave de su anfitriona en la cocina.
 
“¿Todo listo?”
 
“Listo”.
 
“Vamos cargando el resto en los coches. Salimos en nada. Abel, espéranos fuera”
 
Ella sigue con la mirada fija en los lomos de los libros, casi bizca, aguantando a duras penas la excitación. Ve por el rabillo del ojo como la alta mujer se acerca con rostro resuelto, ataviada con una camiseta azul oscuro, unos pantalones de tela resistente, deportivas de caña alta y una chaqueta que tiene varios parches en los codos. Se sorprende cuando nota la firme mano en su hombro. Nunca hasta el momento la había tocado. Joder, debe ser serio. El simple gesto hace que lo que va a salir de la boca de la mujer cobre importancia.
 
“Te prometí que te explicaría cosas. Hoy es el día”
 
Ella asiente con la cabeza. Elena le aprieta un poco más el hombro, y ella no puede dejar de mirar los nudillos grandes y las marcas que recorren su piel. No sabe la razón, pero está dividida entre las ganas de torcerle dolorosamente los dedos o acariciar el relieve de las cicatrices. Los ojos negros de la mujer se clavan en los suyos; su boca es una línea recta, sin labios.
 
“Por favor” dice Elena, aunque su tono es frío y severo “no hagas que tenga que decírtelo más que esta vez. No intentes escapar. No quiero que te hagas daño”
 
Definitivamente, romperle los dedos y luego la boca.
 
“¿Dónde vamos?” consigue articular ella, apenas controlando la rabia en su voz. Intenta ignorar la clara amenaza en las palabras de su captora.
 
“Tenemos un trabajo que hacer”.
 
“¿Y eso significa…?”
 
“Qué va a haber baile” bromea sin ofrecerle nada más; la sonrisa en su boca se tuerce en una mueca irónica “Cada cosa a su tiempo”.
 
Let’s rock&roll está a punto de decir, pero se reprime en el último instante y en cambio de nuevo asiente con la cabeza, fingiendo que está de acuerdo en esperar. Debería sacudirse la mano de la mujer rubia, pero ansía contacto, desea que Elena sea una persona y no una fría hija de puta calculadora. Por eso la sigue dócilmente cuando la conduce hacia la salida.
 
Elena retira la mano de su hombro, y es como si nunca hubiese existido el contacto entre ambas. Justo antes de salir por la puerta, la mujer le hace volver la cabeza y le señala con el mentón la parte de la casa que queda debajo de la escalera, cerrada con llave y fuera de sus límites. La joven se muere por saber qué hay ahí. ¿Un laboratorio tipo Frankenstein? ¿Un plató cutre de televisión donde ruedan porno snuff? ¿O algo tan estúpido y decepcionante como una plantación de marihuana?
 
“Cuando volvamos, te prometo que te enseñaré lo que tenemos aquí.”
 
“¿Crees que la curiosidad evitará que me escape?” pregunta ella con esa mueca sarcástica que sacaba de quicio a la gente cuando la usaba. A gente normal, al menos.
 
“Una pierna rota evitará que te escapes.” Elena lo dice enseñando los dientes en imitación de una sonrisa, pero tristemente, la joven sabe que no es una broma.
 
~~~~~~~~~~~~~~
 
Quizá es su estado de ánimo, pero el pueblo le parece profundamente amenazador al retirarse el sol. El cielo sin nubes se ha vuelto añil, y el resto de colores a su alrededor han perdido calidez. Además de una tímida luna que se perfila en el firmamento, la única luz es la que proviene de las ventanas de las casas, un resplandor que apenas retira la oscuridad. Los contornos desdibujados en esquinas, balcones y porches podrían ser cualquier cosa. En el silencio del anochecer escucha con claridad el ruido de sus pasos sobre el asfalto, y el sonido amortiguado de las televisiones y radios tras las paredes. También distingue el constante canturreo de los grillos, que le pone de los nervios, y de vez en cuando los ladridos de los perros en los patios traseros, o el maullido de algún gato que recorre los aleros de los edificios, paseando en la brisa nocturna. Las ramas de los árboles se sacuden sobre sus cabezas, con un silbido que hace temblar las hojas con susurros inquietantes. Puede oler las últimas cenas rezagadas, y por encima de todo, el fuerte y omnipresente aroma del lago.
 
Decidida a no ver cosas raras en cada rincón, decide clavar la mirada al frente. Sus ojos siguen el rítmico balanceo de la larga coleta rubia de Elena y la calva de Abel asomándose sobre el cuello desgastado de su chaquetón. El hombre vuelve hacia ella sus ojos ensangrentados y la joven decide volver a mirar las sombras, de repente mucho menos amenazadoras.
 
Caminan unas cuantas calles a paso tranquilo, pero ve que Elena no deja de consultar el reloj. Sabe que esta salida es muy importante para la mujer, y que en gran parte tiene que ver con ella. Ha estado haciendo suposiciones cada vez más descabelladas y al final ha decidido dejarse llevar. Como si tuviera más opciones.
 
La humedad del lago hace que las noches sean frescas y húmedas. La chaqueta se agradece, y llevar calzado decente, en lugar de esas malditas zapatillas. Siente un fuerte hormigueo en los dedos de los pies, que trepa rápidamente por los músculos de sus pantorrillas. El impulso de salir corriendo.
 
Da un paso tras otro, los hombros erguidos, la espalda recta, como el miembro de un batallón; pero es un soldado en una guerra que no conoce y que está esperando su oportunidad para desertar. ¿Es eso cierto? se pregunta. Aquí estoy aislada. Aquí no tengo que enfrentarme a lo que ha pasado. Aquí puedo reinventarme de nuevo.
 
Aquí estoy sola.
 
Deserción, entonces. Quizá hoy no, quizá jugará al enfermizo juego mental de Elena. Sí, su jodido discurso psicológico del yo sé que vas a intentar escaparte, pero no lo harás aún. Ponme el culo y veremos quién es más rápida de las dos.
 
Advierte que hay caras tras las ventanas, mirándolos. Conoce algunos de esos rostros: las gemelas, el joven con la cicatriz en la frente, la chica asiática, apenas una niña, el farmacéutico… Los observan al pasar, le parecen que musitan un buena suerte o un hasta pronto y permanecen en pie tras los cristales hasta que los pierden de vista. Esto recuerda escalofriantemente a un ritual de despedida, y se pregunta si hacen siempre lo mismo cuando algunos de ellos se marcha para hacer… lo que sea que hagan. ¿Es una pantomima ejecutada únicamente para sus ojos? ¿O es algo mucho más grande?
 
Un par de cruces más tarde, el resto del equipo se une a la pequeña comitiva. Ahora también desfilan a su lado Victor y dos hombres y mujeres más, hablando entre susurros. Todos visten ropa oscura y carente de adornos, con bolsas al hombro y calzado más adecuado para hacer senderismo que para un paseo nocturno en automóvil. La señora india se llama Durga, o algo parecido, y la otra mujer es Sofía, a quien ya ha visto en un par de ocasiones en casa de Elena. Es una mujer de estatura media y buena forma física, con una larga trenza oscura y dueña de una nariz grande y curva. Lara Croft pero con tocha. También les acompañan Doble J, un joven con perilla rubia, el cabello muy corto y una gorra negra calada hasta las cejas y finalmente Langosta, cuya camiseta le aprieta los michelines de la cintura y tiene la cara constantemente sonrosada, como si se la hubiese escaldado en agua hirviendo. Ambos hombres le han hecho de niñera, escoltándola en sus largos paseos por el pueblo, siguiéndola de cerca mientras ella entraba en las tiendas, curioseando e intercambiando saludos y sonrisas incómodas con el resto de habitantes.
 
Llegan finalmente al taller de Rino, algo apartado del resto de casas, probablemente por el constante ruido durante el día y el molesto olor a gasolina y aceite. Adjunto al local hay un terreno vallado que contiene pilas de neumáticos, unos cuantos coches a medio desmontar o a medio arreglar y varios pares de ojos de gato que se pasean ágilmente por dentro del laberinto de metal y plástico de las carrocerías. Hay tal cantidad de piezas por todas partes, que si se reuniesen quizá daría para montar un F-19.
 
La joven ha visto el local desde fuera en unas cuantas ocasiones, pero nunca se ha atrevido a entrar. En su mundo, perdón, en el que era su mundo, una chica no se adentra en un taller mecánico a menos que sea por fuerza mayor. Al igual que un hombre no traspasa el umbral de una perfumería si no es que busca algo para su novia y no lo ha encontrado en los estantes del supermercado. Unos potentes fluorescentes iluminan la amplia estancia con algunas columnas pintadas a franjas rojas y blancas. El taller es un espacio relativamente limpio, sin la mugre en cada rincón que parece ser marca del gremio, con espacio de sobra para albergar a los dos vehículos con tracción a las cuatro ruedas que han venido a recoger. Las paredes están cubiertas de todo tipo de herramientas colgadas, un póster con un motor desmontado pieza a pieza, como en un atlas de anatomía, y un calendario de tíos buenos en bolas.
 
Rino les espera con la última revisión de motor, comprobación de frenos y depósito lleno. Es una mujer corpulenta, pasados los cuarenta, vestida permanentemente con un mono azul de trabajo, manos llenas de grasa y un bulto en la frente al que seguramente le debe el apodo. No parece que le importe que la llamen así. Comparado con esto, Novata es hasta cariñoso.
 
“¿Todo listo?” pregunta Elena sin ceremoniales.
 
“Maletero cargado. Matrículas nuevas. Marcas renovadas. Tapicería lista. Carburante a tope” no sabe si Rino se está burlando, pero lo dice de carrerilla como si fuera el servicio completo habitual “¿De veras no quieres que los limpie por fuera? Están hechos una guarrada”
 
“Así llamamos menos la atención, pero gracias”
 
Rino cierra el capó y palmea cariñosamente la carrocería del coche. Se aleja unos pasos para que el grupo se divida en dos.
 
Elena le indica con un gesto que se meta en la parte trasera del 4x4 que va a conducir ella, y la joven se apresura a cruzar el suelo con oscuras manchas de aceite, intentando no ensuciarse sus zapatillas nuevas. Las únicas que tiene.
 
El interior del vehículo está impecable, aunque hay un olor fuerte e indescriptible que puede que provenga de un ambientador a toda potencia. Por costumbre, tan pronto como ocupa su asiento al lado de la ventanilla derecha, se pone el cinturón. Luego se siente estúpida: la única cría entre mayores. Apresada de nuevo.
 
Las puertas restallan al cerrarse y el vehículo acusa levemente el peso de las cuatro personas.
Elena le cede su mochila azul a Abel, que ejerce de copiloto, y ajusta las medidas del asiento y los retrovisores, lo que hace suponer a la joven que quizá es un coche comunitario.
 
A su lado se sienta Victor. Sus sentimientos con este hombre son muy extraños. Mirarle fijamente hace que se le cansen los ojos y le duela la cabeza después de un rato. El tipo tiene una larga melena canosa y barba y bigotes poblados de color gris, las cejas grandes y despeinadas, y debajo de ellas unos ojos verdes muy claros, casi aguamarina. Transparentes, como si miraras a través de una botella. Ojos de pistolero cansado que ha visto demasiados duelos y disparos por la espalda. La piel es pálida, y el cuerpo delgado, excepto la pronunciada barriga. Victor es silencioso en todos los aspectos. Casi no habla, incluso cuando se le pregunta directamente, como si estuviese escuchando voces en su cabeza, o mirando algo a tu espalda sin pedirte que te apartes. La joven está convencida que está algo chalado, pero su presencia, a pesar de lo extraño que suene, la tranquiliza. Aunque sabe que fue él quien se la llevó del hospital. El hombre le prometió que la cuidaría y no sabe la razón, pero le cree. No es una emoción racional, simplemente lo siente. Cuando está cerca, la calma se extiende por su pecho, alcanza sus sienes y enfría su frente.
 
Los ojos verdes de Victor la miran unos instantes, quizá comprobando si se ha puesto correctamente el cinturón y luego se vuelve hacia el frente, donde la cabeza de Elena se inclina un poco para dar el contacto.
 
“Probemos la radio” le sugiere a Abel.
 
“Funciona perfectamente” protesta Rino con las manos apoyadas en las gigantescas caderas.
 
“Seguro que sí” dice Elena con una sonrisa apaciguadora “Prueba la radio” insiste.
 
El hombre calvo descuelga el micrófono y aprieta el botón con el pulgar.
 
“Coche 2, ¿me recibís?, cambio”
 
“Te oigo de puta madre a través de la ventanilla abierta, cambio” la risa de Sofía resuena en el taller desde el otro coche, apenas un metro más lejos.
 
“Menos coña. ¿Me oyes ahora?, cambio”
 
Sí pesado, que sí” esta vez la voz resuena en el interior, aunque hay un molesto eco porque también lo oyen fuera “Coche 2 conectado, cambio
 
“Preparados. Nos seguís, cambio y corto”.
 
Ambos coches despiertan con un gruñido del poderoso motor y sus grandes ojos rectangulares proyectan un amplio haz de luz al frente. Elena abre la marcha. Los neumáticos hacen crujir la gravilla y el coche se bambolea ligeramenteal girar la curva para entrar en la vía que conduce fuera del pueblo. La joven se vuelve justo a tiempo para ver cómo Rino, que ha salido del taller,  mueve enérgicamente la mano para despedirse, y no puede evitar corresponder al gesto con una sonrisa apenada. Se gira hacia delante, los dedos agarrotados en el aire. El cinturón le aprieta demasiado y forcejea con él unos instantes. Las luces barren el camino.
 
En unos minutos dejan atrás el murete blanco que delimita toda la población y toman la carretera secundaria, de camino a entender quién pretende esta gente que sea ahora.
 
~~~~~~~~~~~~~~
 
 
¿Dónde?:
Entre las sombras
Vibraciones:
crazy

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On July 23rd, 2007 11:19 pm (UTC), [info]demona0 commented:
Excursión siniestra con nortunidad y alebosía, qué buena pinta tiene!!

Me encanta lo bien que retratas a tu personaje y su paulatina "caída en los infiernos" porque el camino que recorre es muy sutil, poco a poco se va amoldando pero en esta parte todavía conserva algo de su viejo ser. Me ha hecho mucha gracia, por ejemplo el que no quisiera mancharse las zapatillas o no considerar adecuado entrar sola en un taller.

Elena me sigue fascinando, tiene algo hipnótico y no sé por qué me cae bien Abel. Me ha gustado mucho la descripción de de Victor con sus ojos de pistolero cansado y me he partido con el detalle de buffy XDD

Te continúo leyendo!

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On July 24th, 2007 07:16 am (UTC), [info]mordaz replied:
Me alegro mucho que se vaya viendo la progresión. Aún tenemos un largo camino por delante.

Lo que me interesaba es que se mantuviera un cierto "realismo" en la situación. No puedo soltar a un personaje en un sitio así y esperar que sea tan educado como para no hacerse preguntas para no entorpecer el ritmo narrativo.

La relación con el grupo va variando con el tiempo. A Elena se atreve luego a levantarle la voz, a desobedecerla, a Abel le tiene un cierto afecto... Me gusta que se vea el contraste.

Sigo escribiendo!

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On July 29th, 2007 01:05 pm (UTC), [info]annatb commented:
Hola guapa!

he estado fuera estos días pero ya sabes que tu historia la sigo, eh? incluso me la copié ayer en la madrugada por si acaso no tenía conexión aquí jeje... al final he podido leerlo y me está gustando mucho.

me encanta la forma que tienes de describir las cosas, se me aparece todo delante de los ojos conorme tú lo vas contando... es una sensación muy rara porque no haces florituras, no lo sobrecargas y eso lo hace infinitamente más real...

ahora voy a por la siguiente parte.. tengo ganas de saber como sigue ese paseo nocturno. Por cierto, tengo mucha curiosidad por el personaje de Victor, me gusta eso de que le proporcione tranquilidad a ella a pesar de su aspecto...

Petonets!

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On July 29th, 2007 08:23 pm (UTC), [info]mordaz replied:
Gracias por encontrar un ratillo para mi a pesar de estar de vacaciones. Eso me hace muy feliz.

Me alegro que mi estilo te guste. Antes recargaba más los escritos, pero me di cuenta que, al menos a mi, me era mucho más agradable no darme cuenta que estaba leyendo mientras lo hacía. Si usas muchos adjetivos recargados, me da que el lector "salta" de la página y lo sacas de la narración.

Víctor es... ya veremos quién es Víctor. Si retrocedes en la lectura, cada vez que aparece este personaje, la reacción que ocasiona por parte de la protagonista es bastante parecida.

Petons i abraçades! Moltes!

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On September 11th, 2008 06:06 pm (UTC), [info]elendiliwen commented:
Localizë la parte que me habïa saltado^^ Y, por lo visto, hay cuatro partes enteritas más con las que disfrutar^^

Sé que esto es lo del invernadero.. asi que estoy atenta. Las descripciones, los lugares y las personas parecen que se van acercando a ella.. me refiero a que ella los va situando en la realidad en la que se encuentra, con lo que se podría decir que empieza a entrar tímidamente en la fase de aceptación.

XDD lo de que le oye a través de la ventanilla bajada ha sido estupendo. Me he reído. Todo estaba tan en tensión, que has dado un momento muy bueno de respiro para relajar un poco.
Victor.. ya no estoy segura de que lo que siente es real o inducido. Jo, yo quiero saber de Félix XDDDD

Leo más, ok? *ilusionada porque puede seguir disfrutando de S&T*

*sonríe* XDD

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On April 30th, 2009 03:23 am (UTC), [info]esciam commented:
Simplemente seguí...
Bueno, sinceramente, a veces siento que te quedas algo más de lo ncesario en delimitar cuales son los pasos que sigue la prota... no sé, es mi forma de verlo, en los últimos capítulos, pero es sólo una opinión. Eso me hace ver algo más, que parece que piensas tanto y tan bien en cada detalle de tu historia, que me da envidia...

Sobre la forma en que rápidamente ella está pasando por los estadios... no sé, a mi me parece que llega a ser, toda esa bizarra situación en la que está, después de lo que le pasó con las muertes de sus amigas, el embarazo y los pequeños cambios sensoriales que ha tenido... bueno, esa nueva situación de vida, es toda una evación.

Es decir, siento que es algo así: puede que haya pasado por las fases rápidamente, pero en un mundo que todavía no aprehende, que todavía no es real, que simplmente parece estar ahí frente a ella, pero que ella todavía no se da cuenta de que es cierto y de que es parte de él, y de todo lo que va a acarrear eso... parece que, en el presente de la historia (por cierto... ya se empieza a perfilar esa prota enojada, furibunda y que se autosabotea como forma de sacar sus frustraciones... lo cual es algo que me tenía pensando, lo bien que lograrías hacer ese cambio, gradualmente, pero de forma lógica...) puede que todavía no lo aprehenda totalmente, y no tendría que hacerlo, además, pues solo lleva poco más de un año en el trabajo... versus casi treinta de vivir la vida que ella creyó la real, la "verdadera"...

Sobre Victor, y eso de que la logra tranquilizar... ¿es por lo que parece en estar convirtiéndose, que la acerca de cierta forma a lo que sea Victor, o es una cualidad ya de él...?

Por cierto... ese toque de humor, dado a raiz de Buffy, me gustó mucho... hacía falta en esa situación tan bizarra.

Y lo de que la relación de ella con Elena... cuando la tocó, está interesante... me recordó a las personas víctimas sobrevivientes de violencia doméstica... lo cual tiene que ver ¿no? porque ella ha sido secuestrada...

Sigo...
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